La importancia del vínculo en Intervenciones Asistidas con Perros
1/12/2023
1/12/2023
Por:
Psicóloga general sanitaria
Guía canina con experiencia en el campo de las IAP
Responsable del área humana y terapéutica de la Delegación de Perruneando Barcelona.
La teoría del apego, basada en el trabajo de John Bowlby (1907-1990), es una de las más importantes que se han formulado dentro del marco de la psicología, en concreto del psicoanálisis y la psicología del desarrollo, desde Sigmund Freud. Son muchos los autores que han continuado esta línea a lo largo de los años hasta día de hoy y es innegable que sigue siendo un pilar dentro de la teoría que enmarca nuestra práctica clínica. Para mi entender, no solo es importante para los que trabajamos en el mundo de la psicología, sino que también debe ser imprescindible para los que trabajamos desde el marco de las intervenciones asistidas con perros (IAP).

The Wellcome Library (2015) Dr. Bowlby observing a child at play. Wellcome Images reference: L0039184. London: The Wellcome Library.
El pensamiento de Bowlby y las raíces de esta teoría tienen su origen entre los años treinta y cuarenta, en tiempos de guerra y posguerra en prácticamente todos los países europeos. En ese periodo de tiempo muchas familias tuvieron que huir y desplazarse, los miembros tuvieron que separarse y otros se perdieron a causa de los conflictos de la guerra. A lo largo de esos años lo necesario era sobrevivir y satisfacer las necesidades alimenticias, dando mucha más importancia a aspectos económicos, higiénicos y de seguridad física que, a las necesidades psicológicas y emocionales, por lo que tampoco era de gran relevancia al apego entre el niño y sus cuidadores principales.
En este sentido, la teoría del apego fue un cambio en la manera de entender el mundo interno y la construcción de la psique humana, dando más valor al mundo afectivo y revolucionó la forma de comprender la conexión entre el niño y su madre, y la destrucción de la misma a causa de la separación, privación o duelo. Las ideas de Bowlby y otros autores que estudiaron el apego se basaban en la teoría psicoanalítica, así como en conceptos de la etología y la psicología del desarrollo.
El apego se define como un sistema innato de vinculación temprana entre el niño y sus figuras de referencia. De manera muy resumida, Bowlby (1969) describió como los niños y niñas a partir de sus propias experiencias relacionales con su cuidador primario (normalmente la madre) desarrollaban un modelo de apego concreto. De esta forma, el aspecto determinante de la relación entre el cuidador y el niño viene dada por la reacción de este último ante los intentos de buscar su proximidad y en la determinación de quiénes son sus figuras de referencia, dónde han de encontrarse y qué pueden esperar de ellos.
Así pues, la forma de relacionarse de cada persona y el tipo de interacciones sociales que establece se construye a partir de la relación que ha establecido previamente con la figura de apego. Es decir que la relación que se establece entre el cuidador principal y el niño o niña, marcará la representación mental de sí mismo y de las relaciones con los otros y servirán al sujeto para percibir e interpretar las acciones e interacciones de los demás a la hora de dirigir su conducta (Benlloch, 2020).
En ese marco, el tipo de apego no es solo una manera de establecer relaciones, sino que incluye información de uno mismo, con componentes para el desarrollo de procesos afectivos y cognitivos, constituyendo la base de la propia identidad y de la autoestima, y en algunos casos puede llegar a ser origen de psicopatología.
Considero importante hablar de apego en las intervenciones asistidas con perros por varios motivos. En primer lugar, porque cuando somos conscientes de los mecanismos de apego, estamos mejor informados sobre los procesos de construcción de las relaciones sociales y tenemos más posibilidades de modificarlos para mejorar el clima socioemocional dentro de la sesión terapéutica entendiendo desde qué posición se sitúa el usuario. En segundo, la importancia del papel de los referentes dentro de la sesión (guía y experto) como base segura para los usuarios ya que la ausencia de una base segura podría predecir la no vinculación de los pacientes con los referentes y conductores de la sesión y en consecuencia ser responsable del fracaso terapéutico. Es por este motivo que tiene que quedarnos muy claro que el vínculo del usuario con el perro pasa indiscutiblemente por el vínculo que este usuario establece con el guía y es este último el responsable de generar la base segura. En tercer lugar, el espacio teórico común de la psicología y la antrozoolgía es una fuente potencial de nuevas herramientas para predecir y explicar el comportamiento tanto de los profesionales como de los usuarios, y merece ser examinado cuidadosamente cuando valoramos tanto los objetivos, como el éxito terapéutico (Verheggen, Enders-Slegers & Eshuis, 2017) siendo importante seguir investigando y desarrollar proyectos de calidad científica que den sentido al trabajo ya existente.
A menudo nos preguntan qué pacientes o qué patologías son las más adecuadas para intervenir desde las IAP. La respuesta es que no hay un tipo de patología en la que será mejor incorporar las IAP como recurso terapéutico, todos los objetivos pueden ser trabajados a través de estas. Lo importante es valorar qué va a suponer para cada paciente proponerle esa intervención, en qué le va beneficiar, plantearnos porqué necesitamos ese enfoque.
Las metas del tratamiento dependen de las necesidades de la persona, pero incluyen objetivos generales como el restablecimiento de una base segura y de containment (un contener, un lugar seguro y protegido) donde permitirse explorar varias maneras de expresar y comunicar los pensamientos, necesidades y emociones. La terapia implica para el paciente una mirada hacia atrás, descubrimientos inesperados y la integración de una gran variedad de sentimientos, la terapia suele ser un proceso para dejar ir y moverse hacia delante. Para ello, la alianza terapéutica es imprescindible, y por supuesto dentro de las IAP, ya que como hemos mencionada anteriormente este proceso pasa por el vínculo, no solamente entre paciente y terapeuta, sino también por el vínculo entre el paciente, el guía y el perro de intervención
No hay que olvidar que en el proceso terapéutico la persona viene a confrontar aquellos aspectos de su vida que no son agradables de mirar directamente, viene a pensar en sus necesidades, a afrontar sus dificultades y, además, en el caso de los niños y adolescentes, muchas veces no es por decisión propia. Es por eso que a lo largo del proceso terapéutico se hace imperativo para el terapeuta y en nuestro caso además para el binomio de intervención (guía-perro) ofrecer un sentido profundo de seguridad que estimule a la persona a valorar y continuar la relación terapéutica.
En la psicología infanto-juvenil muchas veces nos encontramos con el reto de vincular con pacientes que de entrada rechazan la terapia, entre otros motivos, porque se les ha juzgado con anterioridad en otros entornos, se les ha explicado que vienen a mejorar, condición implícita en sus pensamientos de que hay “algo malo” en ellos. Son personas que llevan etiquetas diagnósticas como trastornos afectivos, de conducta, inadaptación, retraso, autismo, psicosis, trastornos de aprendizaje, entre otros. Son individuos que vienen con la carga de aquello que tienen que cambiar, de aquello que no hacen bien. Y en los que suele haber además una carga asistencial de médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas, etc. a los que tienen que acudir.

Creo firmemente que, como sociedad, y sobre todo como profesionales clínicos, tenemos el deber de tomar en consideración todos estos aspecto, y de generar espacios más amables en los que estas personas (niños, adolescentes o adultos) se sientan seguras para SER, EXPERIMENTAR y COMPARTIR. Por eso las IAP están empezando a revolucionar el sistema y nos llevan como terapeutas a afrontar nuevas formas de trabajar. Es en situaciones como estas, de gran carga asistencial y de haber sentido el mundo como un territorio hostil y amenazante, que he observado que la introducción de un tercero (en este caso el binomio guía-perro) resulta ser de gran ayuda a la hora de acoger, contener y acompañar a los pacientes.
Nos queda mucho trabajo por hacer e investigar, pero en lo realizado en mi práctica clínica hasta la fecha en los diez años que tengo de experiencia dentro de este mundo, he observado que a través de la relación establecida con los perros se puede reparar el vínculo de una manera profunda y sin necesidad de hablar, ya que la comunicación con ellos pasa por la experiencia directa y por el plano no verbal.
En ocasiones, los vínculos que han establecido los pacientes en su vida no han sido de calidad, lo que les ha provocado que el mundo que han interiorizado sea un mundo incomprensible en muchas ocasiones, sin lógica y muy amenazante. En las sesiones de IAP, el perro se presenta como un otro exterior con el que vincular y que le va a nutrir y a aceptar sin condiciones, independientemente de su comportamiento (Ibarreche y Lizarraga, 2020).
Sin dialéctica es difícil que haya terapia, pero también es verdad que el lenguaje oral no siempre expresa lo que sentimos en realidad. Erica Hornthal (2023) psicóloga y terapeuta de danza movimiento terapia, explica que, en ocasiones las palabras nos pueden engañar e incluso nos pueden condicionar a creer verdades que con frecuencia contradice lo que el cuerpo siente. Necesitamos verbalizar para expresar, pero debemos ser cuidadosos ya que nos persuadimos, razonamos y encontramos lógica en nuestras palabras, sin que eso tenga de por si una congruencia con el lenguaje de nuestro cuerpo.

Foto Ariadna Creus
Por eso nos tenemos que preguntar qué podemos hacer para ayudar a expresar plenamente y llevar consistencia a todas las partes del ser, porque todas tienen un peso en nuestra situación actual. La cuestión es que no siempre se trata de hablar de lo que sentimos, sino de aceptar y dar espacio a las emociones para que estas puedan moverse. Ese lugar debe ser un lugar seguro y es el que intentamos crear en terapia desde las intervenciones asistidas con perros. Ellos no hablan, pero está claro que se expresan y tienen lenguaje propio a través del cual se comunican con nosotros. En sesión, es cuando perro y paciente vinculan que sucede la comunicación, que los cuerpos hablan y el lenguaje deja de tener tanta importancia. Se genera un espacio donde la palabra no tiene tanto valor, la calma coge fuerza, el juicio queda fuera y la emoción encuentra un lugar para salir.
Evidentemente no es magia, pero como psicoterapeuta es un regalo disfrutar de este espacio compartido y conectar con el clima que se genera entre los pacientes, los guías, los perros de intervención y los propios terapeutas.
Benlloch, S. (2020). Teoría del apego en la práctica clínica: revisión teórica y recomendaciones. Revista de Psicoterapia, 31(116), 169-189.
Bowlby, J. (1982). Attachment and loss: Retrospect and prospect. American Journal of Orthopsychiatry, 52(4), 664–678. https://doi.org/10.1111/j.1939-0025.1982.tb01456.x
Bowlby, J. (1997). El vínculo afectivo. Paidós.
Bowlby, J. (1996). Una base segura: aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
Bowlby, J. (1969) Attachment and Loss. London: Random House.
Ibarreche, M.N. y Lizarraga, R. (2020). Beneficios de la terapia asistida con perros como tratamiento complementario no invasivo en el contexto del abuso sexual infantil. Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, 68, 41-44.
Hornthal, E. (2023). El cuerpo en el centro. Diana.
Hüsgen, C.J., Peters-Scheffer, N.C. & Didden, R. (2022). A Systematic Review of Dog-Assisted Therapy in Children with Behavioural and Developmental Disorders. Adv Neurodev Disord, 6, 1–10. https://doi.org/10.1007/s41252-022-00239-9
Martos-Montes, Rafael, Ordóñez-Pérez, David, Fuente-Hidalgo, Inmaculada de la, Martos-Luque, Rafael, & García-Viedma, M.ª Rosario. (2015). Intervención asistida con animales (IAA): análisis de la situación en España. Escritos de Psicología (Internet), 8(3), 1-10. https://dx.doi.org/10.5231/psy.writ.2015.2004
MSC Art Phychotherapy, Ulster University. John Bowlby. March, so2o. Disponible: https://arttherapytrainingandstudiogroups.wordpress.com/2020/03/09/john-bowlby/ [Acceso 29/11/2023]
Ordoñez, D. (2023). Vivir feliz con mi perro. Pinolia.
Verheggen, T., Enders-Slegers, M.J. & Eshuis J. (2017). Enactive Anthrozoology: Toward an integrative theoretical model for understanding the therapeutic relationships between humans and animals. Human-Animal Interaction Bulletin, 5(2), 13-35. https://doi.org/10.1079/hai.2017.0011
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