Superar el antropocentrismo en las Intervenciones Asistidas con Animales: una mirada ética para un trabajo verdaderamente interespecie
6/03/2026
6/03/2026
Por:
Nuria Máximo-Bocanegra
Un punto de partida necesario
Las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA) suelen asociarse a bienestar, vínculo y experiencias transformadoras. Sin embargo, detrás de esta imagen positiva aparece una cuestión ética fundamental: ¿qué lugar ocupan realmente los otros animales en estas prácticas? ¿participan o son utilizados? ¿podemos hablar de intervención compartida cuando la responsabilidad, las decisiones y el marco de trabajo recaen exclusivamente en los humanos?
Estas preguntas no buscan cuestionar el valor de las IAA, sino fortalecerlas desde una mirada más justa, más crítica y coherente con los valores de la Cátedra: cuidado, sensibilidad social, perspectiva de género y compromiso con el bienestar animal.
Comprender el antropocentrismo para transformar las IAA
El antropocentrismo es una forma de entender el mundo que sitúa al ser humano en el centro, como medida de valor y referencia principal para decidir qué importa. Desde esta mirada, los otros animales y la naturaleza se consideran secundarios o subordinados, a menudo entendidos como recursos destinados a servir a las necesidades humanas. Este enfoque ha influido durante siglos en la ciencia, la cultura y las prácticas sociales, y todavía hoy condiciona cómo pensamos nuestras relaciones con los otros animales, incluso en ámbitos bienintencionados como las IAA.
Superar el antropocentrismo no significa renunciar a las intervenciones, sino reconocer que ningún animal es una herramienta terapéutica, sino que son sujetos con intereses propios, capaces de sentir, elegir y relacionarse. Este cambio de mirada es el punto de partida para construir prácticas más éticas y respetuosas.
Repensar el marco conceptual: del “uso terapéutico” al encuentro entre sujetos
Las IAA han crecido en popularidad, pero muchas veces siguen enmarcadas en una lógica utilitarista: el animal aparece como facilitador, mediador o recurso emocional. Este lenguaje, aunque habitual, refuerza la idea de que su presencia está al servicio del bienestar humano.
Un enfoque interespecie propone desplazar esta lógica y comprender la intervención como un encuentro entre sujetos. Esto implica reconocer la agencia del animal, integrar su bienestar como pilar metodológico y abandonar expresiones que lo reducen a un instrumento. No se trata de idealizar la relación, sino de asumir que la intervención es compartida, pero la responsabilidad ética recae exclusivamente en los humanos, porque el animal no eligió estar ahí. Este punto abre un debate necesario sobre los límites de la co‑creación en las IAA y sobre cómo garantizar que la participación de los otros animales sea lo más voluntaria y respetuosa posible.
La investigación como espacio para escuchar a los otros animales
La investigación en IAA ha tendido históricamente a centrarse en los beneficios humanos: mejoras emocionales, cognitivas o sociales. Aunque estos resultados son valiosos, dejan fuera una parte esencial de la ecuación: la experiencia del animal.
Para superar este sesgo antropocéntrico, la investigación debe incorporar indicadores de bienestar emocional y fisiológico del animal, integrar la etología aplicada y diseñar estudios que permitan observar si el animal opta por participar o retirarse. Analizar la intervención como un sistema relacional (y no como una técnica unidireccional) permite comprender mejor la complejidad del vínculo y evita interpretaciones reduccionistas.
Este enfoque no solo es ético, sino también científico: una intervención que respeta al animal produce datos más fiables y relaciones más estables.
Programas centrados en el vínculo y el consentimiento animal
En la práctica profesional, combatir el antropocentrismo implica diseñar programas que respeten los ritmos, motivaciones y límites del animal. Esto incluye garantizar entornos donde pueda expresar comportamientos naturales, evitar actividades que lo conviertan en regulador emocional humano y formar a los equipos en etología y comunicación interespecie.
El concepto de consentimiento animal, aunque complejo, es fundamental. Se basa en la observación de señales de acercamiento, evitación, estrés o disfrute. No se trata de “humanizar” al animal, sino de reconocer que expresa preferencias y que estas deben guiar la intervención. La responsabilidad de interpretar estas señales y adaptar la práctica recae siempre en los profesionales humanos.
Un ejemplo habitual es el de los perros que trabajan en entornos educativos. Algunos disfrutan de la interacción constante; otros muestran señales de saturación o estrés que pueden pasar desapercibidas si no se cuenta con formación adecuada. Reconocer estas señales y actuar en consecuencia es una forma concreta de superar el antropocentrismo.
El papel del lenguaje en la construcción ética
El lenguaje no es un detalle: moldea la ética y condiciona la percepción social de las IAA. Expresiones como “animal de terapia”, “herramienta de intervención” o “recurso terapéutico” refuerzan la idea de que los animales existen para servir a los humanos. Adoptar un lenguaje que reconozca su condición de sujetos (como “compañero no humano”, “participante animal” o “binomio”) contribuye a transformar los imaginarios sociales y a promover una comprensión más justa de las IAA.
También es importante cómo se comunican los proyectos al público. Presentar la intervención como una práctica relacional, y no como un servicio unilateral, ayuda a construir una narrativa coherente con los principios de bienestar animal y con la ética del cuidado.
Formación crítica para transformar la práctica
El antropocentrismo se reproduce cuando no se cuestiona. Por ello, la formación en IAA debe incluir contenidos sobre ética interespecie, historia del especismo, análisis crítico de la relación humano‑animal y lectura reflexiva de investigaciones centradas únicamente en beneficios humanos. La actitud crítica y reflexiva no es un complemento, sino una competencia esencial para transformar la práctica desde dentro.
Incorporar esta mirada en la formación inicial y continua de profesionales permite desarrollar intervenciones más respetuosas, más seguras y coherentes con valores cuidado, sensibilidad social, perspectiva de género y compromiso con el bienestar animal.
IAA y justicia ecosocial: una misma raíz ética
Las IAA no existen en un vacío. Están atravesadas por las mismas lógicas que afectan a los derechos humanos, al feminismo, al ecologismo o a los derechos de los animales. La opresión de animales y humanos comparte raíces estructurales vinculadas a jerarquías de poder, explotación y dominación.
Reconocer esta interdependencia permite comprender que el bienestar humano no puede sostenerse sin bienestar animal y que las IAA pueden convertirse en espacios ejemplares de cuidado mutuo, cooperación y ética relacional. Superar el antropocentrismo implica transformar no solo las prácticas, sino también los valores que las sostienen.
Conclusión: hacia una ética de la interdependencia
Las Intervenciones Asistidas con Animales tienen el potencial de ser un campo pionero en la construcción de una ética interespecie basada en la interdependencia, el respeto y la justicia. Para ello, es necesario abandonar la lógica del “animal al servicio del humano” y avanzar hacia un modelo donde todas las vidas implicadas (humanas y no humanas) sean reconocidas en su dignidad y valor propio. Este cambio no solo es ético, sino también científico y socialmente necesario.
En realidad, no se trata únicamente de que este enfoque esté alineado con los valores de la Cátedra. Se trata de que este es el camino si aspiramos a un mundo más equitativo. Un mundo donde el cuidado sea central, donde la vulnerabilidad se reconozca como parte de la vida y donde la justicia no se limite a los humanos.
Superar el antropocentrismo en las IAA no es solo mejorar una práctica profesional: es contribuir a transformar la forma en que nos relacionamos con quienes comparten el mundo con nosotras y nosotros. Y quizá la pregunta que queda abierta (y que interpela a toda la comunidad profesional) es esta: ¿qué cambios concretos estamos dispuestas a asumir para que nuestras prácticas reflejen el mundo que queremos construir?
Para saber más:
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