Familias y animales de compañía: entre las familias mutiespecie, los bebés peludos y las mascotas de siempre
23/01/2026
23/01/2026
Por:
Javier López-Cepero Borrego
En España, cada vez más familias comparten hogar con perros, gatos y otros animales de compañía (Veterindustria & ANFAAC, 2021). A su vez, ciertos tabúes han ido cayendo y cada vez más personas dicen, sin ningún tipo de duda, que los animales forman parte de su familia. Estos fenómenos parecen imparables y son compartidos por otros países, donde los animales de compañía parecen haber conquistado nuestros domicilios y ciudades.
Sin embargo, es fácil encontrar discursos que contradicen estos datos. El abuso animal, el abandono… y todas las personas que ridiculizan o critican la importancia de los animales no humanos para la vida familiar son fáciles de ver en el entorno. En cierto modo, la vida de los animales no humanos sigue siendo considerada inferior o subyugada a la de los humanos. ¿Cómo pueden casar ambas afirmaciones?
Donde hay una incongruencia hay un buen tema para discutir. Así que vamos a echarle un vistazo a qué significa eso de que los animales son parte de nuestra familia.
Esta entrada resume parte de los contenidos presentados en las Jornadas de Antrozoología organizadas en la Universidad Internacional de Andalucía (España). Si el tema te parece interesante, puedes consultar el vídeo que preparamos en nuestro canal de Youtube (enlace AQUI)
Tipos de familia no sólo humana
En cierto sentido, cada familia es un mundo y es diferente a las otras. Sin embargo, sí es posible encontrar ciertos puntos en común que permiten agruparlas para entender mejor su funcionamiento. Y aquí encontramos dos retos: el de establecer tipos (es decir, clasificarlos) y el de etiquetarlos (es decir, ponerles nombre).
En un proyecto reciente, denominado Animales y Familias (ANIFAM), realizamos entrevistas grupales a personas que convivieron con animales de compañía y les preguntamos por sus experiencias. Estas entrevistas nos permitieron poner en orden algunas ideas que están presentes en la literatura. Una de ellas tiene que ver con la clasificación de las familias en base a dos variables: apego (importancia del vínculo con el animal) y humanización (hasta qué punto intentamos adaptar la vida del animal a la de los humanos) (López-Cepero & Español, 2025).

De manera esquemática, podemos decir que hay familias que tienden a percibir a sus animales de compañía como muy humanos: entienden que los animales están mejor cuando pueden compartir nuestros contextos (ir a restaurantes, a comprar…) y costumbres (celebrar su cumpleaños, ver la televisión, etc.) También suelen considerar que los animales de compañía pueden entender muchas cosas de un modo similar a los humanos. Cuando la humanización es alta y el apego es fuerte, es sencillo que los animales ocupen el sitio de un hijo o un amigo (Bouma et al., 2022), que son las categorías humanas más cercanas a lo que se siente, y que sean tenidos en cuenta para tomar las decisiones importantes sobre el funcionamiento familiar. Sin embargo, hay otros animales que viven vidas muy humanizadas pero que reciben un apego más limitado: recurriendo a un ejemplo, estaríamos hablando de los animales (normalmente, de raza) que viven vidas muy cómodas, pero poco animales (Wlodarczyk, 2018). Pueden tener la mejor alimentación y la mejor atención veterinaria, pero los humanos ven en ellos más un elemento de prestigio que un compañero de aventuras o de juego.
Por otra parte, tenemos prototipos de familia que marcan una diferencia clara entre los humanos y otros animales (es decir, de humanización baja). Cuando el apego es alto, hablamos de familias multiespecie (Sayers et al., 2022), que son aquellas que ponen el animal en el centro de su día a día pero que tratan de tener en cuenta sus necesidades etológicas -que puedan jugar, socializar… y ensuciarse, si es necesario-. Cuando la humanización es baja y el apego es limitado encontramos una cuarta categoría: la de la “mascota” o “animal de la familia”, donde los humanos establecen una jerarquía más clara entre humanos y otros animales, entendiendo que el perro o el gato debe amoldarse a lo que los humanos decidan, y no al revés.
Por supuesto, esta clasificación (y cualquier otra que pueda hacerse) busca ser útil, más que verdadera. Muchas personas encontrarán que su situación está a caballo -nunca mejor dicho- entre dos categorías: esto es totalmente normal y esperable. ¡La vida no es cuadriculada! Pero tener esta herramienta ayuda a señalar algunas cuestiones: la primera, que no podemos asumir que todas las familias sean iguales; la segunda, que los estudios suelen mezclar información de familias que pueden ser muy diferentes.
Por eso, intentar responder si tener un animal en casa afecta a la salud es una muy mala pregunta. ¿O acaso todos los amigos y parejas son beneficiosas, sólo por el hecho de estar cerca? Por desgracia, todos sabemos que hay personas que, más que sumar, restan. Por lo tanto, atender a cómo nos relacionamos es más importante que tener una relación, ya sea con un animal humano o no humano.
¿Y cómo llamamos a lo nuestro?
Antes hemos señalado que, además de clasificar las familias, es importante atender a cómo utilizamos los términos o etiquetas para nombrar los vínculos que son importantes para nosotros. Del mismo modo que las relaciones de pareja pueden ser complicadas de etiquetar al principio (un tema clásico en las comedias románticas…), decidir cómo nos referimos a nuestros compañeros animales puede resultar un reto importante.
Esto es así porque no vivimos en el vacío. Las personas que nos rodean suelen tener opiniones acerca de cómo es vivir con animales, si es un vínculo valioso o no… y eso puede suponer una presión importante para las personas que sienten que los animales son familia, tanto -o más- que aquellos humanos con los que mantenemos vínculos sanguíneos o legales. Y no es un tema para tomar a la ligera: cuando uno no puede expresarse con libertad sobre las cosas que le resultan importantes, o cuando siente que tiene que esconder frente a otros quién es tu familia, la incomodidad es manifiesta.
En un segundo estudio del proyecto ANIFAM (López-Cepero et al., 2025), encontramos que los participantes pueden usar muchos términos diferentes. Sin embargo, su uso no era siempre constante: cuando la presión social era muy alta, era frecuente ocultar la importancia del vínculo frente a terceros. Igualmente, cuando existieron dudas sobre la aceptación que iban a recibir, muchos optaron por dar explicaciones sobre los límites (“para mí es como mi hija, pero yo sé que no es mi hija de verdad”) o hacer bromas (“yo es que soy como la loca de los gatos”) para prevenir juicios externos.
La importancia del etiquetado ha sido analizada por muchos investigadores dentro de la antrozoología. Por una parte, porque ciertos nombres ayudan a considerar que los ciertos grupos de animales carecen de importancia o pueden ser utilizados o eliminados sin reparo (por ejemplo, cuando se clasifican como mascotas, plagas o de utilidad /pet, pest, profit) (López-Cepero et al., 2021; Taylor & Signal, 2009). De modo complementario, es frecuente que los investigadores que trabajan sobre sujetos no humanos eviten poner nombres a los animales de laboratorio, ya que eso les permite establecer una barrera de despersonalización que les resulta protectora(Phillips, 1994). Por todo esto, las etiquetas importan, y mucho.
Un resumen y algunas implicaciones
En conjunto, ambos estudios indican algo que parece muy simple, pero que los medios de comunicación tienden a ignorar cuando dan titulares: el vínculo humano-animal es complejo y diverso. Tan cierto es que cada vez más animales encuentran su sitio como uno más en la familia como que otros sufren la negligencia, abandono o abuso por parte de los humanos que deberían guardarlos. Además, comprobamos que algunas personas pueden tener problemas o temores a la hora de mostrar a los demás qué significan los animales de su vida, lo que puede generar cierto aislamiento y dificultar compartir elementos importantes de tu vida -desde tu identidad familiar hasta pedir ayuda cuando afrontas el duelo por la pérdida de un animal-.
Estos resultados animan a mejorar la formación de los profesionales que trabajan de cara a las familias, ya que indican que un porcentaje de la población opta por disimular la importancia de los vínculos animales cuando pregunta un extraño. Es importante sensibilizar sobre los costes que esto puede tener, especialmente en poblaciones en riesgo -como mujeres víctima de violencia o personas que vivan en situación de calle-, ya que difícilmente van a aceptar medidas de protección que los obliguen a romper la convivencia con sus animales de compañía.
Además, señalan algo importante para la investigación, y es que no podemos confiar en las etiquetas para hacer grupos estancos. Del mismo modo que uno puede considerarse “amante de los animales” pero tener actitudes muy diferentes hacia los osos panda y las polillas, uno puede considerarse “guardián del animal” pero tener actitudes muy similares a las de un “dueño de animal”, por citar un ejemplo.
Esperamos que la investigación que estamos desarrollando ayude, aunque sea un poco, a fijar estos retos y a buscar soluciones. Si te interesa el tema o quieres hacer alguna aportación o comentario, puedes localizarnos a través de la web de la HABIER o en nuestro correo, habier@us.es
Bouma, E. M. C., Reijgwart, M. L., & Dijkstra, A. (2022). Family member, best friend, child or ‘just’ a pet, owners’ relationship perceptions and consequences for their cats. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(1). https://doi.org/10.3390/ijerph19010193
López-Cepero, J., & Español, A. (2025). Negotiating Relationships Within Multispecies Families: Analysing Dilemmas on Humanisation of the Bond. Human Arenas. https://doi.org/10.1007/s42087-025-00504-y
López-Cepero, J., Español, A., & Rodríguez-Banda, Á. (2025). ‘There Is Not a Word’, but Is It Necessary? Analyzing Pragmatic Decisions Regarding Terminology Within Multispecies Family Relationships. Animals, 15(4). https://doi.org/10.3390/ani15040568
López-Cepero, J., Martos-Montes, R., & Ordóñez, D. (2021). Classification of Animals as Pet, Pest, or Profit: Consistency and Associated Variables Among Spanish University Students. Anthrozoös, 34(6), 877–888. https://doi.org/10.1080/08927936.2021.1938408
Phillips, M. T. (1994). Proper names and the social construction of biography: The negative case of laboratory animals. Qualitative Sociology, 17(2), 119–142.
Sayers, J., Forrest, R., & Pearson, M. (2022). Furry Families: Ethical Entanglements Through More-than-Human Domestic Dramas. Sociological Research Online. https://doi.org/10.1177/13607804211064913
Taylor, N., & Signal, T. D. (2009). Pet, pest, profit: Isolating differences in attitudes towards the treatment of animals. Anthrozoos, 22(2), 129–135. https://doi.org/10.2752/175303709X434158
Veterindustria, & ANFAAC. (2021). Censos por especies en España. https://www.anfaac.org/datos-sectoriales/
Wlodarczyk, J. (2018). Postmodern Breed: the Crisis of Breed as a Master Narrative of the Dog World. In A. Barcz & D. Lagodzka (Eds.), Animals and Their People (pp. 173–190). BRILL. https://doi.org/10.1163/9789004386228_012
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