Racismo y especismo
2/07/2021
2/07/2021
Por:
Núria Almiron
Codirectora del UPF-Centre for Animal Ethics (www.upf.edu/cae)
Profesora titular, Departamento de Comunicación, Universidad Pompeu Fabra
Los dualismos han dominado la historia del pensamiento occidental desde al menos Platón. En filosofía, dualismos son las distinciones metafísicas que realizamos por ejemplo entre apariencia y realidad, materia y mente, alma y cuerpo. Estas distinciones de la antigua Grecia constituyen el marco de pensamiento de Descartes, el teórico francés considerado como uno de los fundadores de la filosofía moderna –así como de la justificación que ha amparado gran parte de la subordinación moral en la que la sociedad moderna mantiene a los individuos de otras especies.

Estamos tan acostumbrados a este marco que tendemos a ignorar el tremendo impacto de la mirada dualista occidental sobre la historia de la humanidad y del planeta en su conjunto. Sin embargo, como nos recordaba Richard Rorty (1999), los opuestos griegos no son un descubrimiento, sino una creación del pensamiento occidental en nuestra búsqueda de verdades permanentes, en nuestra obsesión por «encontrar algo estable». Así, el pensamiento dualista interviene cada vez que creemos que la ciencia puede revelar una verdad fija, objetiva y comprensible en la que el objeto y el sujeto son independientes entre sí. Este pensamiento ha traído resultados positivos, pero también ha tenido implicaciones muy negativas.

El mejor ejemplo de las implicaciones problemáticas del pensamiento dualista es que da lugar a la creencia de que la humanidad tiene una naturaleza intrínseca, una esencia propia y diferente al resto de la vida en el planeta, lo que Richard Rorty describía como “algo inmutable llamado ‘lo humano’ que puede contrastarse con el resto del universo» (1999, 18). Esta creencia produce una separación entre la civilización y la naturaleza, entre los humanos y los animales. La categoría inventada de animales (excluyendo a los humanos) es un cajón en el que se introducen convenientemente a los otros siete millones de especies animales del planeta, por más que esto no tengan ninguna lógica científica. A partir de ello, la creencia en una esencia humana permite conceptualizar la categoría de animal como subhumana, es decir inferior a la humana. Y una vez que el dualismo de valor inferior/superior se establece como el principio de categorización, también se utiliza para justificar que los individuos dentro de la propia especie humana se clasifiquen en grupos superiores e inferiores. Todo lo cual permite deshumanizar a los humanos, que no es otra cosa que animalizarlos, definirlos como más cercanos al animal que al humano, algo que solo tiene sentido peyorativo si primero hemos creado la categoría inferior de animal. Lo interesante de todo esto es que esta jerarquización absurda que justifica explotar a los animales no humanos y desahumanizar a los humanos no es algo natural ni a apriorístico sino todo lo contrario. Mirando hacia atrás en la historia, está claro que la división entre humanos y no humanos es principalmente una invención utilizada para respaldar el comportamiento abusivo de algunos humanos y proteger los intereses de estos abusadores. Podemos encontrar ejemplos de ello en la Antigua Grecia y la Ilustración.

En la antigua Grecia, considerada por muchos como la cuna de la democracia, la práctica de etiquetar a otros humanos como inferiores era esencial para el mantenimiento de la esclavitud humana. Si bien la justificación de la esclavitud varió a lo largo del tiempo, todos los períodos de la antigua Grecia comparten la práctica de animalizar a los esclavos humanos. En la Grecia clásica, los animales no humanos se definían como inferiores, y aunque los esclavos humanos no se equiparaban legalmente con ellos, de facto se los trataba como animales no humanos. En The Economist, el filósofo e historiador griego Jenofonte (c. 431-354 a. C.) aconsejó aplicar a los esclavos humanos el mismo entrenamiento que se usaba para los «animales domésticos». Aristóteles (384–322 a. C.) fue aún más lejos. En Política, desarrolló el concepto de «esclavitud natural», separando a los esclavos humanos de otros animales solo porque los primeros tenían capacidad para razonar.

La conceptualización griega antigua de la esclavitud no es incidental ni un descubrimiento, sino, como dice Rorty, un invento. El vínculo entre el discurso sobre la esclavitud (humana y no humana) y los intereses creados es claro cuando miramos la justificación principal de esta práctica. En la Grecia antigua, el razonamiento para justificar tener esclavos era igual para humanos o no humanos y puramente instrumental: la esclavitud se consideraba una consecuencia inevitable de la guerra, donde los humanos derrotados se convertían en una especie de botín de guerra, junto con sus bienes y otros animales. Por supuesto, esto era simplemente una justificación a medida de los ganadores, ya que los esclavos eran utilizados como mano de obra y, por lo tanto, un recurso económico muy preciado.
Sin embargo, los antiguos griegos no olvidaron por completo que los humanos también eran animales. Aristóteles usó típicamente el término animal para referirse a los humanos. Fue durante la Ilustración cuando los humanos borramos completamente nuestra naturaleza animal de nuestra autoconcepción y lenguaje, especialmente bajo el fuerte sello del pensamiento cartesiano. Como explican Weitzenfeld y Joy (2014), desde entonces la humanidad se ha definido de acuerdo con los estándares europeos civilizados del hombre burgués blanco. La mayoría de los pensadores de la Ilustración, incluido Kant, sitúan a los seres humanos que no se ajustan a este estándar (mujeres, pueblos nativos, etc.) al nivel de los animales.
Al igual que sucedía con los antiguos griegos, el humanismo antropocéntrico de la Ilustración no fue un a priori sino un a posteriori, un subproducto de la primera ola del colonialismo moderno. Fue durante este período cuando se creó por razones estrictamente políticas y económicas la construcción social moderna del concepto raza. Aunque los grupos humanos siempre se han diferenciado de los pueblos vecinos o distantes, el concepto moderno de raza está directamente vinculado al sistema esclavista creado por el imperialismo y el colonialismo europeos entre los siglos XVI al XVIII y apoyado por la revolución científica que ocurrió en este período. Como observa Dorothy Roberts (2011) en su libro The Fatal Invention, la expansión del comercio de esclavos en la década de 1700 requirió un sistema racial de gobierno y coincidió con el paso entre los intelectuales europeos del pensamiento teológico al biológico, dando a la institución de la ciencia la máxima autoridad sobre la verdad y el conocimiento. El primer paso para producir tal gobernanza fue la construcción de este sistema racial, que hasta entonces no había existido. A este respecto, Roberts explica cómo los comerciantes españoles y portugueses —representantes de los primeros imperios coloniales modernos— no clasificaron automáticamente a las personas de la costa occidental de África como un grupo innatamente inferior. Es decir, la trata de personas más importante de la historia, la de personas secuestradas en África y esclavizadas en América por europeos, no comenzó porque los europeos fueran racistas a priori. Como también explica Theodore Allen, la categoría de esclavos negros fue posteriormente construida legal y socialmente como inferior, para obtener beneficios políticos y económicos.
La recién nacida ciencia moderna ayudó en especial a la construcción legal y social de la raza a partir de proveer el conjunto de estereotipos para la misma, en los que la animalidad era un rasgo preeminente. Tuvo un papel especialmente destacado en ello la ideología de clasificación de las ciencias naturales. En el siglo XVIII, el botánico sueco Carl Linnaeus dividió el género homo sapiens en cuatro tipos raciales para catalogar a las cuatro regiones planetarias, que en su opinión diferían en belleza e inteligencia. Ubicó el tipo europeo en la parte superior de la jerarquía, afirmando que exhibía los rasgos más civilizados, y el africano en la parte inferior, porque lo veía como profundamente animalizado. También las menciones de Darwin a los animales inferiores y superiores, tan frecuentemente incomprendidas o distorsionadas, se utilizaron para asegurar la jerarquía racial que coloca a los blancos en la cima del avance humano y a los no blancos en la parte inferior, a un paso de los animales, como nos recuerda Roberts.
En resumen, el racismo moderno, y la deshumanización que conlleva, no puede entenderse sin el binario humano/no humano sobre el que se construye el especismo. El racismo no es solo una construcción social, sino que se basa en el ideario dualista-especista que inherentemente concibe a otros animales como inferiores. Descuidar cómo de conectados están racismo y especismo no solo limita nuestra capacidad de luchar contra ambos, sino que refuerza las raíces de la violencia estructural y sistémica que gobiernan las sociedades humanas.

Foto de Alexas Fotos en Pexels
Nota: Este texto es un resumen de la reflexión que la autora realiza en un capítulo del libro: Khazaal, Natalie y Almiron, Núria (eds.) (2021). Like an animal. Animal Studies Approaches to Borders, Displacement, and Othering. Leiden: Brill.
Bibliografía:
Allen, Theodore W. (2012). The Invention of the White Race, Volume I: Racial Oppression and Social Control and Volume 2: The Origin of Racial Oppression in Anglo-America. London: Verso.
Aristotle, Politics (Project Gutenberg).
Roberts, Dorothy (2011). Fatal Invention: How Science, Politics, and Big Business Re-create Race in the Twenty-First Century. New York: The New Press.
Rorty, Richard (1999). Philosophy and Social Hope. Londres: Penguin Books.
Weitzenfeld, Adam y Joy, Melanie (2014). “An Overview of Anthropocentrism, Humanism, and Speciesism in Critical Animal Theory” En Anthony J. Nocella II, Johan Sorenson, Kim Socha and Atsuko Matsuoka (eds.): Defining Critical Animal Studies. An Intersectional Social Justice Approach for Liberation, pp. 3–27. New York: Peter Lang.
Xenophon. The Economist (Project Gutenberg).
ISSN 2792-8144
Título clave: Blog de la Cátedra Animales y Sociedad
Título abreviado: Blog Cátedra Animales Soc.

Este web está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional.
La relación humano-animal: implicaciones en los procedimientos judiciales 
Para ofrecer la mejor experiencia, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
