El beneficio social de las casas de acogida de animales de compañía.
15/3/2024
15/3/2024
Por:
Olga Portilla Hierro
Licenciada en Administración de Empresas y en Lenguas Modernas y Comunicación
Presidenta y cofundadora de la Asociación FEEL. Mas de 25 años de experiencia en gestión de protectoras y de casas de acogida.
¿Qué es ser casa de acogida de un animal de compañía? Algunas personas no necesitarán una explicación, otras no sabrán de qué les estamos hablando e incluso sentirán cierta desconfianza, pero de lo que estamos seguras es de que la gran mayoría no es consciente del enorme calado y de la repercusión social, tanto para humanos como para animales no humanos, que supone esta figura.

José Ramón y Chispi
La Ley 7/2023, del 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales (1), define las casas de acogida como: domicilio particular que, en colaboración formalizada con una administración pública, centro de protección animal o entidad de protección animal, mantiene animales abandonados o extraviados, desamparados o intervenidos para su custodia provisional, garantizando el cuidado, atención y mantenimiento en buenas condiciones higiénico-sanitarias.
Son miles los animales que cada año son rescatados por las entidades de protección animal (rescatados, no abandonados, estos últimos son muchos más); las plazas en los centros o albergues son muy limitadas y las adopciones escasas. La posibilidad de que algunos de estos animales vayan a una casa de acogida en vez de ocupar una plaza en un centro es un regalo. ¿Un regalo para quién?, en los párrafos que siguen os mostraremos que son muchos los intervinientes que se benefician de las acogidas, muchos: el animal, la asociación que lo detenta, la Administración, otros animales, los adoptantes y la sociedad en su conjunto.
Ser casa de acogida significa dar un hogar durante un tiempo, pueden ser semanas, meses o incluso a veces años, a un animal (perro, gata, coneja, cobaya, hurón…) cuyo titular es un centro de protección animal o una asociación, para el que mientras se busca una familia adoptiva definitiva. Al párrafo definitorio que da la Ley 7/2023, añadimos que uno de los aspectos más importantes que garantizan o intentan garantizar las casas de acogida es el bienestar holístico de los animales, su socialización y adaptación a la vida en familia con humanos, clave para su futuro en la sociedad una vez adoptado.
Las casas de acogida pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte de un animal. Sin casa de acogida muchas veces no se puede rescatar un animal de la calle o no se le practica una operación veterinaria que va a requerir un postoperatorio y unos cuidados que de otro modo no se podrán asegurar.
Ser casa de acogida es beneficiarse de las ventajas que supone convivir con un animal, sin ser los titulares legales del animal, sin costear muchas veces sus gastos, sin esa responsabilidad última de “qué será de él si yo falto”; es gozar del bienestar físico y mental que tantos estudios científicos no paran de demostrar (2): la convivencia con animales mejora el estado físico y mental de las personas y esto repercute en la sociedad en su conjunto.
Cada centro de protección animal o asociación tiene los suyos, pero básicamente lo que se requiere es un hogar estable, adecuado y con tiempo y organización acorde a la especie animal que se vaya a acoger, así como a las características propias del individuo acogido; no es lo mismo acoger un perro grande de un año, que un gato de 15 años, que una mamá perra con su camada o un par de conejitos. Tampoco es lo mismo un hogar de acogida compuesto por una persona sola sin animales, que una familia con dos niños pequeños y un gato, que una pareja joven con un perro adolescente; todos y cada uno de los detalles que conforman el hogar de la casa de acogida deberán ser tenidos en consideración: horarios, trabajos, edades, nivel de actividad, zona rural o urbana, piso o casa con jardín, otros animales, visitas, etc. Normalmente, el protocolo es contactar con la asociación, presentarse con una descripción de la familia y el hogar, de lo que se espera y de lo que se puede aportar; con esta información, la asociación explicará su funcionamiento, revisará los animales que pueden cuadrar y verá con la familia cómo realizar las presentaciones oportunas.
Hoy en día prácticamente todas las asociaciones tienen página web o redes sociales donde se pueden ver los animales que buscan casa de acogida, algunas además cuentan con instalaciones físicas donde visitarles y conocer en directo a los posibles acogidos. Es altamente recomendable esta interacción y conocimiento del animal antes de decidirse a introducirlo en el hogar, si bien, en algunas ocasiones esto no será posible y será necesario confiar en el conocimiento y buen hacer de la asociación.

Patricia y Rorro acogiendo a Shakira
Tenemos que haber analizado de un modo serio y realista nuestras condiciones, nuestro tiempo, nuestra disponibilidad, nuestra salud física y mental y nuestra disposición para que algunas cosas de nuestro día a día cambien durante un tiempo. No se trata únicamente de querer ayudar, está bien que el corazón nos mueva pero dejemos que la cabeza nos organice; si no estudiamos a fondo lo que va a representar tener un nuevo miembro en casa con unas características equis y lo que va a demandar de la estructura familiar, la iniciativa puede ser un fiasco, lo que afectará muy negativamente al animal y a la familia. Por ello, informémonos sobre esa especie, sobre ese tipo de raza o mezcla, pidamos a la asociación detalles del carácter, conozcamos si es un animal con necesidades de salud específicas, si su puesta al día veterinaria está pendiente, posibles desplazamientos a las clínicas u hospitales, valoremos el cariño que le tenemos a la casa o a ciertos muebles, si la tenemos en propiedad o alquilada (¿permiten tener animales por contrato?), la paciencia de nuestros vecinos, el entorno en el que vivimos, si necesitaremos hacer algún ajuste en casa (¿mosquiteras en el caso de los gatos?), si nuestros animales van a estar de acuerdo con el nuevo miembro, (no se trata de desvestir a un santo para vestir otro), aunque es cierto que tenemos que darnos todos un tiempo de adaptación, la calidad de vida de los animales que ya están en casa no debe verse afectada en el medio plazo.
Si la posibilidad de acogida que se nos presenta no es la adecuada, mejor dejémosla pasar. Lamentablemente hay muchos animales que necesitan un hogar temporal y el adecuado llegará. Mejor tardar en acoger y que sea una experiencia positiva para todos, (lo que hará que repitamos y más animales se beneficien), que acoger deprisa y corriendo (aunque sea una urgencia) y que salga mal (con lo que la urgencia seguirá ahí) y desistamos como casa de acogida y el animal sufra con los cambios.
Cualquier animal de compañía está mejor en un hogar que en un chenil, jaula o en la calle, es evidente. Las entidades de protección animal con instalaciones suelen priorizar para acogidas los animales mayores, los cachorros, los que tienen alguna dolencia u operación pendiente, los tímidos o con necesidades especiales de socialización, pero podemos encontrar para acoger absolutamente todo tipo de animales de compañía, especie, edad, carácter o salud. Muchas asociaciones no disponen de instalaciones luego su única opción de rescate y ayuda son las casas de acogida. Lo más habitual son gatos y perros, por detrás vienen conejos, hurones, cobayas y empiezan a sumarse a la lista agapornis, periquitos, roedores… O incluso animales no tan de compañía como reptiles, cotorras, perdices o tarántulas que han sido domesticados, si bien, de momento, esto es mucho más residual.

Hayzea y Laura
La situación de los gatos es especialmente crítica por el desbordante y, hoy por hoy, inasumible número de gatos en las calles. A pesar del avance en la gestión de colonias felinas y de los programas CER (captura-esterilización-retorno) para controlar el número de gatos comunitarios, la cantidad de gatos que necesitan ser rescatados sigue aumentando. Las principales razones son el nacimiento continuo de camadas, la socialización de cachorros nacidos en la calle que pasan a ser dependientes del ser humano y el abandono de gatos caseros por el terrible y craso error de creer que cualquier gato sabe buscarse la vida. Un gato casero muy difícilmente sobrevivirá en la calle, si no es rescatado, morirá. Las casas de acogida son clave en este entramado, si se rescatan lactantes o camadas tienen que ir si o sí a una casa porque necesitan cuidados especiales sin los cuales perecerán. Un orondo gato casero es muy probable que en un centro de protección animal deje de comer y enferme (depresión, anorexia, lipidosis hepática…), necesita la tranquilidad de un hogar para asimilar el cambio por el que está atravesando.
En los últimos años, han surgido programas o asociaciones, como Asociación FEEL, que buscan acogidas para animales de familias en situación de vulnerabilidad (personas hospitalizadas, familias desahuciadas, víctimas de violencia, en situación de calle, etc.), mientras recomponen su vida y pueden volver a convivir; en estos casos los animales son sociables y caseros y su adaptación a la familia de acogida suele ser sencilla. Su ingreso en un refugio, en un chenil, suele ser muy duro dado que, a diferencia de un animal que ha vivido en la calle, o en un criadero o rehala, su situación no mejora al ser recogido por la asociación, sino que empeora al separarse su familia y hogar; una casa de acogida es por lo tanto vital para dar a su salud psíquica cierta continuidad.
Podemos acoger un animal joven o mayor, de tamaño grande o pequeño, solo uno o dos o tres, o una mamá con su camada o… Elijamos lo que elijamos, nuestra casa tendrá que estar adaptada para el tipo de animal que llegue y para la edad que tenga. Las acogidas de cachorros suelen ser de más corta duración que las de animales adultos. La gente suele preferir adoptar cachorros, en general por un error de base sobre la adaptación de los adultos, pero esto sería tema de otro artículo, baste decir que suele ser mucho más fácil y rápida la adaptación de un perro adulto que la de un cachorro, tenlo en cuenta también a la hora de acoger. Cuanta más edad tenga el animal, más larga seguramente será la acogida, incluso es posible que se quede indefinidamente en casa si podemos tenerle.
Acoger una mamá con su camada puede ser la locura más maravillosa que hagas en tu vida. Si son gatos o conejos, una habitación en un piso será suficiente, si son perros, sobre todo de un tamaño mediano alto, será preferible que cuentes con un patio o jardín. Las camadas hasta pasados los dos meses no deberán destetarse, es decir, no deberían separarse de su madre y hermanos, luego tendrás locos bajitos correteando por doquier durante semanas, y tus nervios y tu casa tendrán que ir adaptándose. Verlos desarrollarse, su vínculo con la mamá, su despertar al mundo, empezar a jugar, trastear, arroparse unos a otros, será el mejor Netflix de tu vida.
Los abuelitos son los animales más agradecidos a la par que más necesitados que vamos a encontrar. Normalmente están ya educados porque en los años anteriores suelen haber vivido con una familia, no siempre sabremos su historia, pero en general un gato o un perro de más de ocho años ha convivido con personas. Muchas veces por problemas económicos o por el fallecimiento de su persona acaban en centros de protección, para ellos el cambio es durísimo y les afecta tanto física como anímicamente. La opción de una casa de acogida es un verdadero bote salvavidas, son animales más tranquilos que la media, educados, sociables (ya sabéis eso de que a partir de cierta edad no vale la pena discutir, vive y deja vivir), cariñosos y con mucha facilidad de adaptación. Es probable que vayan teniendo achaques y necesiten medicación o visitas frecuentes a la clínica veterinaria, es quizás el único contra con el que debemos contar, pero os aseguramos que su compañía es especial y que la energía tranquila que destilan hace que sus momentos de alegría y saltitos nos lleguen de un modo muy emotivo. Con ellos se vive de manera más patente la enorme ayuda que significan las casas de acogida. Un punto delicado de este tipo de acogidas, igual que con animales con enfermedades graves, es que pueden fallecer mientras están en casa, es la vida, aunque eso no lo hará menos duro. Tenemos que prepararnos para ello, si acogemos animales muy mayores o enfermos, será como decimos duro, agridulce, pero, aunque os parezca extraño, bonito, muy bonito y tremendamente gratificante, tendréis una sonrisa, triste, pero una sonrisa que os saldrá de muy dentro. Sentiréis todo lo que le habéis aportado a una vida que os necesitaba en los momentos en que más frágiles somos, en la vejez. Y también seréis conscientes de todo lo que ese animal os ha transmitido, y que os quedará para siempre.
Son varias las razones por las que una persona o familia puede decidirse a incorporar un nuevo miembro en casa de manera temporal y seguramente en algunas ocasiones sea un mix de varias. Principalmente serán:

Isabel y Romeo
Tenemos una edad en la que ya no queremos hacernos cargo de un animal por si no le sobrevivimos o por si algo nos pasa que no quede desamparado, pero sentimos la necesidad de convivir con animales y aportar nuestro granito de arena. En estos casos la acogida parece una opción perfecta, se tratará sobre todo de elegir un individuo/s acorde/s con nuestra actividad diaria y energía. Si somos mayores, es probable que una camada no sea una buena opción, sobre todo a partir de los dos meses de vida, pero una abuelita marchosa puede ser la acompañante perfecta, o dos. Puede que hasta se de la circunstancia de que preparemos la medicación semanal a la par, cajita para una, cajita para la otra.
Como decíamos al principio son muchos los agentes beneficiados por esta figura, son muchas las sinergias que se desarrollan que suponen ventajas y bienestar para la comunidad. En primer lugar y como es evidente, el primer beneficiado es el animal acogido. Su vida cambia por completo, pasa de estar en la calle o en el chenil de una asociación o de una perrera, a estar bajo cobijo en una casa. Su salud y su ánimo van a experimentar un boom, como a veces decimos, pasado el período de adaptación, pasan a sonreír.
Otro beneficiado directo será el animal que ocupe el lugar del acogido en la protectora o centro. Todas las asociaciones y centros funcionan el 150% de su aforo de manera habitual, el número de abandonos en España es tan salvaje (3) que no se da abasto para rescatar a todos los animales que lo necesitan, por lo que se funciona con lista de espera y en el momento en que uno es adoptado o se va acogido se da entrada a otro. La vida de “este otro” pasa a su vez a mejorar y sobre todo a dejar de estar en peligro en el caso de encontrarse en la calle. Así pues, cuando acoges es muy posible que salves a otro animal de los riesgos del abandono.
La protectora o centro responsable del animal acogido recibe un soplo de motivación, de ayuda, de apoyo. Saber que un animal va a estar en mejores condiciones insufla ánimos y fuerza, y saber que se va a poder salvar a otro animal es un chute para seguir adelante. Esto no son palabras anodinas, la labor en protección animal es muy dura, no está reconocida sino por el contrario, suele estar denostada. Que esta problemática se abra a los hogares comunes y que estos difundan, compartan el problema, es un avance para el movimiento mismo; de esta manera la situación de los animales abandonados no se reduce al “mundillo” de la protección animal, sino que salpica a la sociedad en su conjunto. Ir a recoger a la niña al colegio con el perro acogido, o tomar el vermú del domingo con amigos comentando cómo han crecido esa semana los nuevos cachorros, o decirle a la cardióloga con una sonrisa que nos coinciden los horarios del Seguril con los de la perra, son contextos que animan a hablar de una situación que hasta el momento está poco visibilizada y donde queda mucho trabajo por hacer.

Harry Bliis @blisscartoons
Otra gran beneficiada es la persona o la familia que acoge, tener un animal en casa aumenta la empatía y la compresión, mejora nuestros niveles de endorfinas, reduce la sensación de soledad, nos obliga a hacer más ejercicio (aunque no sea un perro, un compañero animal hace que nos movamos más), refuerza el sentido de la responsabilidad sobre todo en la infancia, acariciar animales equilibra nuestra tensión arterial, facilitan que nos comuniquemos más con otras personas (son un eterno tema de conversación), reducen el estrés diario, incrementan la autoestima y nos hacen sonreír mucho, por fuera y por dentro. Además, en el caso de tener un animal acogido el gasto material es prácticamente cero, o será el que acordemos con la asociación. Entre los miembros de la familia que se ven beneficiados de esta estancia temporal, incluimos claro, a los animales que estaban antes de llegar la acogida. En general, los animales de compañía son seres sociales que agradecen la interacción con otros animales no humanos. Muchas veces, además, los animales de la casa son un gran apoyo y perfectos cicerones en las semanas de adaptación del nuevo miembro. Sobre todo, en animales jóvenes, poco socializados o con miedo, la comunicación entre animales es más efectiva que con personas, y los primeros vínculos se crean entre ellos, los animales de la casa sirven de puente para que lleguemos de manera más sutil y rápida a los nuevos inquilinos.
Las administraciones, ayuntamientos y mancomunidades son otros de los grandes beneficiados de las casas de acogida. El rescate y acogida de los animales abandonados es responsabilidad de las administraciones locales, y desde septiembre 2023, tras la publicación de la Ley 7/2023, también la gestión y cuidados de los animales de personas en situación de vulnerabilidad que no puedan atenderlos. Los centros de rescate y protección animal con los que las administraciones subcontratan el servicio suelen estar desbordados, lo que dificulta que puedan cumplir con esta obligación legal, por lo tanto, es gracias a las familias de acogida que quedan sitios libres y se puede dar entrada a más animales. Por otro lado, no es raro que las casas que acogen asuman gastos que corresponderían a la administración cubrir, lo cual es otro beneficio para esta última. En resumen, es gracias a estos hogares que las cifras de animales rescatados son más altas que las que resultarían simplemente de la suma de las plazas gestionadas por las administraciones.
Por último, pero no menos importante, las casas de acogida suponen un impacto positivo en la sociedad en su conjunto en términos de bienestar animal y humano. Tener la posibilidad de convivir con un animal mejora la salud de las personas lo que disminuye las visitas a los médicos y a la larga por lo tanto, es un menor coste sanitario. Mejora tanto la salud física como la mental. Mejora la vida social en el vecindario, muchas veces es gracias a los animales que se crean redes de ayuda cooperativa que alcanzan otros ámbitos fuera del meramente animal. Las casas de acogida representan una sociedad más tolerante, empática y comprensiva, y cuando son estos valores los que te mueven toda tu comunidad se impregna.
El objetivo de las casas de acogida es cuidar de los animales hasta que encuentran una familia adoptiva, su familia definitiva. Durante las semanas o meses que están en acogida les cuidamos, los recuperamos, los vemos mejorar y los queremos, por lo que su marcha no siempre es sencilla. Tenemos que saber que acoger supone un coste emocional, un coste que hay que saber gestionar y transformar en beneficio, sobre todo cuando hemos acogido con la idea de ayudar a un ser vivo. El animal sale de nuestra casa para irse a vivir, por fin, con la que deberá ser su familia de por vida, va a estar bien, y el objetivo se ha cumplido, debemos estar felices. En muchas ocasiones además seguiremos teniendo noticias de ellos a través de la asociación con fotos y videos; saberlos bien y adaptados afianzará la buena decisión tomada de acoger.
Cuando hay niños en casa la salida del animal puede ser más complicada de asimilar emocionalmente, sobre todo cuando tienen ya una edad (8-10 años) en la que establecen un vínculo afectivo consciente diferenciando cada individuo, pero aún no tienen la capacidad de entender y valorar la ayuda que se ha brindado. Las personas adultas somos capaces de racionalizarlo, – nos sentimos tristes por la marcha de este compañero animal, pero gracias a nuestra labor tiene una nueva buena vida -; en este sentido tendremos que hablarles mucho y explicarles, dado que a ciertas edades entender el beneficio subyacente en las acogidas puede ser complejo de asimilar.
A veces, como hemos comentado, podemos acoger animales muy mayores o enfermos y no es descartable que fallezcan mientras están en la familia, es una posibilidad para la que tenemos que habernos preparado. En estos casos, la asociación o centro deberá estar acompañándonos con un control veterinario adecuado que evite dolor al animal y que nos guíe en las decisiones que se tomen. Será duro, pero ¿hay labor más valiosa que darle finalmente a un animal sus mejores meses de vida, ahorrarle dolores y dejarle irse de manera ética rodeado de cariño y cuidados? Tampoco podemos olvidar que, aunque el animal no haya sido legalmente nuestro, le hemos querido y tendremos que pasar nuestro duelo tras su partida.
La respuesta a la pregunta dependerá, primeramente, del tipo de acogida que estemos realizando. Por ejemplo, desde Asociación FEEL se buscan acogidas para animales de familias en situación de vulnerabilidad mientras reorganizan sus vidas, en estos casos el objetivo es que los animales vuelvan con sus familias, luego no podremos quedarnos con el animal, salvo que algo se tuerza y su familia no pueda recuperarlo en cuyo caso sí que se le buscaría familia adoptiva.
En general, los animales acogidos están en adopción a la espera de una familia adoptiva, luego la familia de acogida, si el animal se ha adaptado, puede ser una buena opción como adoptante. Sin embargo, debemos tener en cuenta dos cosas: una, si nos quedamos con ese animal acogido es muy probable que ya no podamos acoger otros: el espacio en casa, nuestro tiempo y manos son limitados. Dos, nuestros recursos y nuestra organización deben permitirnos tener un/otro animal en casa. Hasta este momento hemos tenido el apoyo de la asociación, pero si adoptamos la responsabilidad y todos los gastos pasarán a ser de nuestra cuenta. El corazón suele mandar mucho en nuestras decisiones, pero en el caso de decidir adoptar un acogido, la razón debe guiar con mucho nuestro camino y debemos dejarnos también asesorar por el personal de la asociación que verán y nos harán ver aspectos que quizás no hayamos contemplado.
BIBLIOGRAFÍA.
Síndrome de Noé, una realidad que no podemos esconder