Terapias con animales, ¿Hablamos con propiedad?

La participación de animales en procesos de terapia produce cambios en la salud de las personas. De ahí que sea objeto de intensa investigación en las últimas décadas, y que asistamos a la expansión de unos programas que hoy nos planteamos si podemos denominar ‘terapia’ con tanta frecuencia.

Sin regulación no puede haber definición

Los programas de Intervención Asistida con Animales (IAA) pueden ser de distintos tipos según los objetivos que persigan y los profesionales que involucren. No todas las intervenciones con animales son terapias ni todas las que se denominan así cumplen los estándares internacionales de los que se dota el sector.

Para asociar con propiedad este término a un programa, sería necesario que al menos esté dotado de un objetivo terapéutico previamente establecido por profesionales de la salud para un paciente concreto. Dicho de otra manera, la participación de un animal no eleva necesariamente a categoría de terapia una actividad, por muchos beneficios que aporte.

Si usted se pregunta cómo es posible que ocurra esto, que se pueda denominar terapia a lo que no es, le diremos que por que no existe una reglamentación en España que defina claramente el catálogo de IAAs, que delimite qué es qué. Y la carencia de regulación va más allá de la denominación; se extiende también a las propias intervenciones y a las partes involucradas, que no está de más recordar que son personas —en su mayor parte con patologías— y animales.

Así las cosas, son muchos los profesionales que demandan a la Administración que regule las IAAs por su efecto directo sobre la salud y el bienestar de humanos y animales. Pero ¡no se asuste, por favor! Aunque este vacío legal permite ciertas prácticas intrusistas, no lo vamos a negar, lo cierto es que la mayoría de los programas actuales están basados en argumentos científicos, desarrollados de un modo profesional y con animales saludables y cuidados antes, durante y después de las intervenciones.

Empecemos por lo básico: necesitamos saber cuántos somos

En España no existe un registro de entidades y centros en los que se realizan IAAs, y se desconoce el número de animales que se destinan a este fin. Así de contundente.

La regulación de la formación y de los centros es inexistente en España e irregular en Europa”, afirma Nuria Máximo, directora de la Cátedra Animales y Sociedad de la URJC, una situación de vacío legal y de ausencia de intervención administrativa inimaginable en otros ámbitos que afectan a la salud humana”.

Máximo aboga por que “la Administración junto a un panel de expertos regule unas intervenciones cuyos ámbitos más frecuentes de actuación son, por este orden, neurorrehabilitación y discapacidad, educación y psicología y psiquiatría”.

Así lo están empezando a hacer otros países de nuestro entorno, como Italia, donde existe una regulación que garantiza la calidad de las prácticas, la cualificación de los profesionales, la seguridad de los pacientes y el bienestar de los animales.

¿Qué se considera una IAA?

La International Association of Human-Animal Interaction Organizations (IAHAIO), uno de los organismos más reconocidos del sector, define la IAA como un tipo de intervención estructurada y orientada hacia un objetivo que intencionalmente incluye o incorpora animales en el ámbito de la salud, de la educación y de los servicios humanos con el propósito de obtener unos beneficios terapéuticos en las personas.

La IAHAIO establece dos categorías según la composición y formación de los equipos humano-animales:

  • Por una parte, las intervenciones asistidas con animales (IAA), que incluyen
    • la terapia asistida con animales (TAA)
    • y la educación asistida con animales (EAA)
  • Y, por otra parte, las actividades asistidas con animales (AAA)

De la definición de la IAHAIO se concluye que las terapias asistidas con animales son un tipo específico de IAA. Veámoslo con ejemplos:

  • Terapia asistida con animales: un terapeuta ocupacional formado en IAA trabaja la mejora de la regulación sensorial de un niño con autismo mediante actividades de juego con un perro (entrenado y seleccionado para ese fin) y su guía (con formación específica en IAA).
  • Educación asistida con animales: un educador social formado en IAA trabaja el autoconcepto en menores con problemas de violencia mediante actividades de cuidado con un caballo (entrenado y seleccionado para este fin) y su guía (con formación específica en IAA).
  • Actividades asistidas con animales: un guía y su perro (entrenado y seleccionado para este fin) visitan una residencia de mayores un día a la semana.

La clave del éxito: que todos se beneficien, también el animal

La IAHAIO orienta también el foco hacia el animal que participa en la IAA e invita a que no se le considere una ‘herramienta psicoterapéutica’. Es un ser vivo —eso ya lo debería decir todo— que participa de una intervención guiada por un profesional de la rama sanitaria o educativa con formación en el campo de las IAA.

La IAHAIO afirma que sólo deben participar en IAA animales que estén en buenas condiciones de salud tanto física como emocional, y que disfruten de este tipo de actividad. “Esta es la clave”, subraya Nuria Máximo, “el animal debe disfrutar, debe llevarse algo positivo de la interacción y, por tanto, debe ser una interacción simbiótica donde ambas partes (humano-animal) se vean beneficiadas”.

La IAHAIO también aclara que los animales que participan en las IAA deben ser animales domésticos. Los animales salvajes y especies exóticas no pueden incluirse en estas interacciones: además de aportar incertidumbre a una intervención que se desea predecible, ni es ético ni es científico.

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, proclamada el 15 de octubre de 1978, y aprobada por la UNESCO y, posteriormente, por la ONU, dice en su Artículo 4 que todo animal perteneciente a una especie salvaje, tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse. Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a ese derecho.

Es decir, perros, caballos, gatos (con algunos matices) y animales de granja, sí. Delfines, no, nunca.

Equipos de trabajo de tres componentes

Para terminar de saber si una IAA si se está desarrollando de una manera ética y profesional, hay que fijarse en la composición del equipo de trabajo: en primer lugar, como ya hemos indicado, está el profesional de la salud o la educación con formación en IAA; en segundo lugar, está el animal seleccionado, entrenado, con un buen estado de salud (completo) y que disfruta de las interacciones con personas; y, por último, un profesional que en el argot se llama ‘técnico’ o ‘guía’. Esta persona es la encargada de seleccionar y entrenar al animal, además de vigilar en todo momento las señales comunicativas del mismo durante el entrenamiento, el desarrollo de las sesiones y en su vida ordinaria.

Si desea profundizar en este contenido puede consultar:

El papel del animal de compañía en la sociedad española: aspectos socio-sanitarios y de convivencia. Comentarios al hilo del Informe del papel del animal de compañía en el ámbito familiar y socio-sanitario de la CEVE. (RI §421002)  Nuria Máximo Bocanegra, directora de la Cátedra Animales y Sociedad de la URJC. Revista General de Derecho Animal y Estudios Interdisciplinares de Bienestar Animal