Serie: Mirada social y política en la gestión de colonias felinas ·
Artículo 2 de 5
Un modelo técnicamente sólido, socialmente exigente
8/05/2026
Serie: Mirada social y política en la gestión de colonias felinas ·
Artículo 2 de 5
8/05/2026
Por:
Ruth Manzanares es profesional en el ámbito de las políticas públicas y la gobernanza, especializada en el diseño, análisis e implementación de políticas de protección animal y en la relación entre animales y sociedad. Funcionaria de carrera de la Administración General del Estado, estuvo destinada en la Unidad de Apoyo de la Dirección General de Derechos de los Animales durante la tramitación de la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, así como de reformas relevantes en materia de régimen jurídico de los animales y maltrato animal.
Su trayectoria combina investigación aplicada, docencia y acción pública. Desarrolla líneas de investigación sobre vínculo humano–animal y perspectiva de género, gobernanza multinivel y gestión pública de poblaciones de animales comunitarios. Es graduada en Ciencias Políticas y Psicología, cuenta con formación especializada en comportamiento animal y es miembro del Consejo Asesor de Derecho Animal del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid.
Existe una distancia casi inevitable entre lo que una política pública promete en el momento de su aprobación y lo que encuentra quien intenta aplicarla. El modelo de gestión de colonias felinas derivado de la Ley 7/2023 no es una excepción, aunque tiene una particularidad que lo hace especialmente interesante como objeto de análisis: su base científica es, en términos comparativos, sólida. Los programas de captura, esterilización y retorno cuentan con un cuerpo de evidencia creciente que respalda su eficacia en contextos variados, y los principios que articulan el modelo están bien fundamentados. Y, sin embargo, la práctica diaria de municipios y barrios ha puesto de manifiesto que esa solidez técnica no basta para garantizar resultados. Lo que falla, cuando falla, no suele ser el diseño; es la capacidad del sistema público para sostenerlo.
Este artículo analiza las tensiones que emergen entre la lógica técnica del modelo y las condiciones reales de su implementación, prestando atención a tres dimensiones que se han revelado especialmente problemáticas: la exigencia de continuidad en un entorno administrativo orientado a la actuación puntual; la naturaleza transversal de la política en organizaciones que funcionan de forma compartimentada; y la dificultad de evaluar resultados en una política cuyos efectos se producen a medio y largo plazo.
La continuidad como condición estructural, no como opción de gestión.
La gestión eficaz de una colonia felina no es una actuación puntual que se cierra con un expediente. Es un proceso que requiere planificación previa, seguimiento sistemático, capacidad de respuesta ante incidencias y persistencia en el tiempo. Esta característica, que los especialistas señalan como uno de los fundamentos del modelo, choca frontalmente con la forma en que muchas administraciones locales han abordado históricamente estas cuestiones: de manera reactiva, respondiendo a denuncias concretas, sin estrategia de fondo y con recursos asignados de forma intermitente.
El tránsito desde esa lógica reactiva hacia una gestión planificada y continua requiere cambios organizativos reales que van más allá de la simple voluntad política. Implica asignar responsabilidades claras, establecer protocolos internos, crear y mantener registros actualizados de colonias y garantizar que el compromiso institucional no depende de la persona que ocupa un determinado puesto en un momento dado. En muchos municipios, esa transición está aún en curso, y sus dificultades explican buena parte de los resultados desiguales que se observan en la implementación.
Una política transversal en una administración compartimentada
La gestión de colonias felinas no es competencia exclusiva de ninguna área municipal. Toca a servicios veterinarios y de salud pública, a medio ambiente, a servicios sociales, a la policía local, a los servicios de limpieza. Esta transversalidad es, en el plano conceptual, una de las fortalezas del modelo: refleja la naturaleza multidimensional del problema que aborda. En el plano organizativo, sin embargo, se convierte con frecuencia en una fuente de dificultades cuando las áreas municipales funcionan como compartimentos estancos y la coordinación interna no está garantizada por estructuras formales.
La ausencia de un liderazgo interno claro y de mecanismos de coordinación explícitos puede derivar en situaciones en que nadie se siente plenamente responsable del conjunto, las decisiones se dilatan, los recursos se duplican o se dispersan y las personas cuidadoras reciben mensajes contradictorios según con qué técnico o responsable político interactúen. La coordinación interáreas no surge de forma espontánea ni se sostiene por la buena voluntad individual: requiere estructuras, personas designadas con autoridad suficiente y, en muchos casos, un cambio cultural dentro de la propia organización municipal.
El problema de los resultados invisibles a corto plazo
Uno de los elementos que genera mayor tensión en la gestión de esta política es la desconexión entre los ritmos reales de los resultados y las expectativas, tanto institucionales, como políticas y ciudadanas, de obtener evidencias de eficacia a corto plazo. La estabilización de una colonia, la reducción sostenida de conflictos vecinales o la consolidación de una red de gestión funcional son procesos que requieren años, no meses. Este horizonte temporal es incompatible con los ciclos electorales, con los plazos de las evaluaciones administrativas habituales y con la impaciencia razonable de una ciudadanía que percibe el problema, pero no comprende por qué la solución tarda tanto en producirse.
Cuando las expectativas no se ajustan a esos ritmos, la frustración resultante puede derivar en conclusiones precipitadas sobre la eficacia del modelo antes de que este haya tenido las condiciones mínimas para producir sus efectos. Por esta razón, la comunicación pública no puede concebirse como un elemento periférico de la gestión: explicar los objetivos, los procesos y los tiempos reales de la política es una función tan importante como la propia intervención técnica, y su ausencia compromete la legitimidad del modelo con independencia de la corrección de sus fundamentos.
La adaptación territorial como condición de eficacia
La evidencia científica disponible y las guías técnicas elaboradas por la Dirección General de Derechos de los Animales coinciden en un señalamiento que la práctica confirma: el modelo no puede aplicarse de forma homogénea en contextos tan distintos como los que caracterizan la realidad municipal española. Un barrio denso de una gran ciudad, un municipio rural de quinientos habitantes, un territorio insular con dinámicas específicas de gestión de fauna: cada uno de estos contextos plantea condicionantes particulares que determinan qué intervenciones son viables, con qué recursos y en qué plazos.
El equilibrio entre la coherencia técnica del modelo, como elemento necesario para garantizar su integridad y comparabilidad, y la flexibilidad necesaria para adaptarlo a realidades heterogéneas es uno de los retos más exigentes de la implementación. Las administraciones que han obtenido mejores resultados son, en buena medida, las que han realizado ese ejercicio de lectura territorial antes de actuar, sin renunciar a los principios que dan al modelo su solidez, pero sin aplicarlos mecánicamente como si el contexto fuera irrelevante.
Referencias:
Luzardo, M., et al. (2025). Territorial and demographic challenges in large-scale management of free-roaming cats. Animals, 15(24), 3576.
Dirección General de Derechos de los Animales (DGDA). (2024). Guía técnica para la gestión de poblaciones felinas. Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.
Subirats, J., et al. (2008). Análisis y gestión de políticas públicas. Ariel.
Hill, M., & Hupe, P. (2014). Implementing public policy: An introduction to the study of operational governance (3rd ed.). SAGE Publications.