Cuando el maltrato también afecta a los animales del hogar
24/10/2025
24/10/2025
Por:
David Dorado Rivera (*) y Nuria Máximo Bocanegra (**)
* Graduado en Criminología, Máster en Perfilación Criminal y Análisis de la Conducta, Máster en Intervención Criminológica y Victimológica, Oficial de la Policía Municipal de Alcorcón (Madrid).
**Dra. por la Universidad Rey Juan Carlos. Profesora Titular. Terapeuta Ocupacional. Directora de la Cátedra Institucional de Investigación Animales y Sociedad.
Introducción
Durante décadas, la violencia intrafamiliar ha sido abordada desde la perspectiva de las víctimas humanas. Sin embargo, una dimensión apenas explorada comienza a emerger con fuerza: la de los animales domésticos como posibles víctimas de esa misma violencia. En los hogares donde se producen situaciones de maltrato, los animales conviven con las personas afectadas y pueden convertirse en instrumentos de control o coacción por parte del agresor. Este trabajo analiza los resultados de una investigación pionera en España que aborda esta realidad desde una perspectiva criminológica y victimológica, con el objetivo de determinar si los animales del hogar son, efectivamente, víctimas más de la violencia intrafamiliar.
El marco legal y teórico: una mirada incompleta
En España, la violencia doméstica y de género están recogidas en distintas normas, entre ellas la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, y el Código Penal (Ley Orgánica 10/1995). No obstante, ninguna de estas normas reconoce expresamente a los animales como víctimas de la violencia intrafamiliar. La Ley 17/2021, que modifica el Código Civil y reconoce a los animales como seres sintientes, constituye un avance, pero aún no los sitúa dentro del marco de protección frente a la violencia doméstica. El artículo 340 bis del Código Penal establece sanciones por causar daño o sufrimiento a animales domésticos, y en su apartado 2.g) reconoce por primera vez el maltrato animal como un medio de coacción en la violencia de género. Sin embargo, esta protección no se extiende de forma explícita a los casos de violencia familiar general.
Desde la Criminología, diversas teorías permiten comprender el vínculo entre la violencia hacia los animales y la ejercida contra las personas. La Teoría General de la Tensión (Agnew, 1992) explica cómo la acumulación de frustraciones y situaciones adversas puede derivar en conductas violentas. La Teoría del Aprendizaje Social (Bandura, 1977) sugiere que las conductas agresivas se aprenden por observación e imitación, especialmente dentro del entorno familiar. Finalmente, la Teoría de las Actividades Rutinarias (Cohen y Felson, 1979) señala que el delito ocurre cuando confluyen un agresor motivado, una víctima vulnerable y la ausencia de guardianes. En el contexto doméstico, los animales encajan plenamente en esta categoría de víctimas vulnerables.
El estudio: metodología y muestra
La investigación, de carácter observacional y transversal, se realizó mediante un cuestionario en línea entre abril y mayo de 2021. Participaron 365 personas residentes en España mayores de edad y convivientes con al menos un animal doméstico. El muestreo fue de tipo no probabilístico, siguiendo el método de bola de nieve, y la difusión se realizó a través de redes sociales. El análisis de datos se llevó a cabo mediante estadística descriptiva e inferencial (prueba chi-cuadrado y V de Cramer).
Resultados principales
En nuestro estudio se contó con 365 participantes lo que ofrece una mirada profunda sobre cómo la violencia doméstica impacta no solo a las personas, sino también a sus animales de compañía. La edad promedio de quienes respondieron fue de 38 años, y los testimonios recogidos revelan historias que van más allá de las cifras.
La mayoría de las personas se identificó con el género femenino, y una buena parte vive en la Comunidad de Madrid, Andalucía o Cataluña. Casi la mitad son solteras, y muchas no tienen hijos. Destaca también que más de tres de cada cuatro participantes tienen estudios universitarios, lo que nos habla de una muestra con alto nivel educativo.
Los perros y gatos lideran la lista de animales domésticos, aunque también conviven aves, roedores y reptiles. Para muchas personas, estos animales no son solo compañía: son un apoyo emocional y un miembro más del hogar.
Más de una quinta parte de los participantes ha sufrido algún tipo de violencia en su entorno doméstico. La más común es la psicológica, aunque también se registraron agresiones físicas, económicas y sexuales. Muchos han sido testigos de violencia hacia otras personas, especialmente violencia psicológica, y en más de la mitad de los casos se combinan distintos tipos de maltrato.
En la mayoría de los casos, los agresores son hombres, y las figuras más frecuentes son los padres, exparejas masculinas o ambos progenitores. Este patrón muestra cómo la violencia se ejerce principalmente desde el entorno familiar cercano.
Un hallazgo preocupante es que, cuando una persona sufre violencia, a menudo su animal de compañía también se ve afectado. El maltrato puede ser físico —golpes, abandono o privación de cuidados—, pero también psicológico, cuando se usa al animal como forma de control o castigo. En los casos en que tanto la persona como el animal son víctimas, el agresor suele ser hombre en más del 80% de los casos.
Los datos muestran que la mayoría de la violencia nunca se denuncia. Incluso cuando la violencia afecta también a los animales, solo una minoría decide acudir a las autoridades. Esto revela una alta cifra de maltrato no reportado y la necesidad de mejorar la respuesta institucional.
Casi todos los participantes consideran a su animal un miembro más de la familia. Además, la gran mayoría cree que los animales necesitan una mayor protección jurídica y reconoce la falta de recursos especializados para casos de violencia. Solo un pequeño grupo no ve necesaria esta protección, y en él predominan los hombres.
| Categoría | Variable | Porcentaje (%) | Interpretación |
|---|---|---|---|
| Género | Femenino | 73,7 | Predomina la participación de mujeres. |
| Masculino | 24,4 | Menor representación masculina. | |
| No binario | 1,4 | Muestra pequeña pero presente. | |
| Otros géneros | 0,5 | Diversidad de género minoritaria. | |
| Lugar de nacimiento | Comunidad de Madrid | 37,5 | Mayor concentración de participantes. |
| Andalucía | 11,5 | Segunda comunidad más representada. | |
| Cataluña | 10,7 | Tercer lugar en representación. | |
| Estado civil | Soltero/a | 47,9 | Casi la mitad de la muestra. |
| Casado/a | 43 | Alta proporción en pareja estable. | |
| Nivel educativo | Universitarios | 76,2 | Nivel formativo alto. |
| Secundarios o inferiores | 23,8 | Nivel medio-bajo minoritario. | |
| Número de hijos | Ninguno | 63 | Mayoría sin hijos. |
| Con hijos | 37 | Menor proporción de familias con descendencia. | |
| Convivencia | Dos convivientes | ≈33 | Un tercio vive con dos personas. |
| Otras formas de convivencia | ≈67 | Variabilidad en el número de convivientes. |
Análisis cualitativo
Más allá de las cifras, los testimonios recogidos en el estudio ofrecen una mirada profunda sobre la crueldad y el sufrimiento compartido entre personas y animales en contextos de violencia doméstica.
Las agresiones hacia los animales fueron tanto físicas como psicológicas, y se ejercieron por acción o por omisión. Algunos relatos describen golpes, patadas, empujones, lanzamientos contra la pared, castigos crueles y muertes violentas de animales a manos de familiares.
Una participante narró que su padre dejó morir a una perra encerrada en un almacén, y otra relató que su hermano mató a su perra golpeándola porque la animal trató de proteger un juguete durante una pseudogestación.
También se documentaron episodios de abuso sexual hacia animales, así como conductas de castigo en presencia de niños o de la víctima humana para generar miedo y control.
Otras agresiones se manifestaron como celos hacia el animal, ignorarlo, amenazar con quitarle la comida o el agua, o dejarlo encerrado durante horas.
Las omisiones de cuidado, como no llevarlo al veterinario, no alimentarlo o mantenerlo atado hasta morir, también fueron formas frecuentes de violencia.
En el plano psicológico, se identificaron amenazas directas, gritos, chantaje emocional, y un uso del miedo como herramienta de control. En muchos casos, el animal desarrolló trastornos conductuales como consecuencia del maltrato, reflejando el impacto emocional compartido dentro del entorno violento.
Discusión: los animales como víctimas invisibles
Los datos obtenidos confirman que los animales domésticos son víctimas directas de la violencia intrafamiliar. No solo sufren agresiones físicas o psicológicas, sino que también son utilizados como instrumentos de control y coacción. Este fenómeno se conoce como violencia interespecies (Lockwood y Arkow, 2016), y se caracteriza por la conexión entre el maltrato animal y la violencia interpersonal. La investigación muestra que cuando un animal del hogar sufre maltrato, es altamente probable que existan otras formas de violencia dentro de ese mismo entorno familiar (Mora et al., 2020).
El estudio también revela un patrón consistente en la figura del victimario: varones que ejercen poder y control sobre los miembros del hogar, utilizando la violencia física o psicológica como medio de dominación. Este hallazgo coincide con las conclusiones de Bernuz (2015), quien definió el maltrato animal en contextos familiares como una forma de violencia silenciosa, ejercida sobre víctimas que no pueden expresarse. El agresor sabe que dañar o amenazar a un animal impacta emocionalmente a las víctimas humanas, lo que refuerza su capacidad de intimidación.
La ausencia de denuncias refleja tanto la falta de conciencia social como la carencia de mecanismos institucionales adecuados. A pesar de que el Código Penal ya contempla el maltrato animal como delito, aún no existe un protocolo unificado que integre esta dimensión en los sistemas de detección y atención a la violencia doméstica. El programa VIOGEN, utilizado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, no incluye todavía un apartado específico para el animal doméstico, lo que dificulta su registro y análisis estadístico.
Implicaciones y propuestas
Los resultados de este trabajo evidencian la necesidad urgente de reconocer formalmente a los animales domésticos como víctimas de la violencia intrafamiliar. Su inclusión en los protocolos de intervención policial, judicial y social permitiría detectar situaciones de riesgo y prevenir daños tanto a las personas como a los animales. Además, es necesario reforzar la formación de los profesionales que intervienen en estos casos —trabajadores sociales, terapeutas, agentes policiales y personal sanitario— para que identifiquen los signos de maltrato animal como posibles indicadores de violencia interpersonal.
También se recomienda impulsar campañas de sensibilización pública que visibilicen esta realidad y fomenten la denuncia. La colaboración entre entidades públicas, asociaciones protectoras y universidades es clave para avanzar hacia una sociedad más consciente de la conexión entre todas las formas de violencia.
Conclusión: hacia una mirada integradora y compasiva
El presente estudio permite afirmar que los animales domésticos son víctimas reales y directas de la violencia intrafamiliar. En muchos hogares, el sufrimiento animal está entrelazado con el de las personas, formando parte de un mismo ciclo de violencia que debe ser comprendido y abordado desde una perspectiva integral. Reconocerlos como víctimas no solo implica protegerles a ellos, sino también fortalecer la prevención de la violencia en todas sus manifestaciones.
Desde la Cátedra Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos, defendemos la necesidad de integrar este enfoque en la investigación, la educación y las políticas públicas. Promover la empatía y la justicia hacia todos los seres sintientes es esencial para construir comunidades más seguras, éticas y solidarias. Cuando la violencia se detecta y se detiene a tiempo, no solo se salva una vida humana o animal: se protege el tejido mismo de la convivencia.
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