Australia, ¿el ‘canario en la mina’?
31/01/2020
31/01/2020
El de Australia es, probablemente, uno de los desastres en los que más se está visualizando su impacto brutal en la fauna. A lo que seguramente no son ajenas ni las dimensiones de la catástrofe —más de ¡1.000 millones! de «ejemplares» muertos— ni la icónica fauna australiana, encabezada por los canguros y los koalas.
Pruebe a buscar datos, oficiales o extraoficiales, de los daños causados a los animales por el huracán Katrina en 2005, por ejemplo. O de los más cercanos incendios de la Amazonía del pasado verano. Le va a costar, se lo adelanto. Haga lo mismo con el caso de Australia, y observe la diferencia.
De la devastación sin precedentes que sufre el país oceánico está surgiendo una preocupación genuina por la vida de los animales considerados de uno en uno, como individuos, y no como parte de cabañas ganaderas cuya pérdida se puede cuantificar, que era hasta ahora lo más próximo a este nuevo sentimiento de empatía que parece haber llegado para quedarse. Más cuando los expertos nos dicen que catástrofes como la de Australia podrían ser solo un ejemplo de lo que está por venir.
El pasado 8 de enero, cuando aún no se había superado la mitad de la temporada de incendios en Australia, el equipo liderado por el profesor Chris Dickman de la Universidad de Sidney actualizaba los datos sobre la incidencia de los incendios forestales de Nueva Gales del Sur en las poblaciones de animales, y establecía en más de 1.000 millones los animales muertos hasta entonces. Esta cifra inmensa, y lo peor, provisional aún, incluye mamíferos —excepto murciélagos—, aves y reptiles; pero no considera las muertes en grupos como anfibios, insectos u otros invertebrados.
El experto australiano en biodiversidad alerta, además, de que los animales que sobrevivan al incendio es muy posible que acaben falleciendo en fases posteriores, por la pérdida de su hábitat y fuentes de alimentación.
Dickman ha realizado este fatídico cálculo extrapolando con estimaciones “deliberadamente conservadoras”, según su equipo, los datos de un informe que había elaborado en 2007 para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) sobre el impacto del desmonte o deforestación en la vida silvestre australiana en Nueva Gales del Sur.
Desde el minuto uno del desastre en Australia, voces autorizadas —como la de Dickman— y anónimas —solo hay que ver cómo se viralizan los vídeos de las muchas personas que ayudan a rescatar a los animales heridos o en peligro—, empezaron a hablar de la afectación de los incendios a la fauna. Es cierto que nos enfrentamos a una devastación sin precedentes, que hace incluso peligrar la supervivencia a algunas especies; y que la fauna autóctona de Australia es tan carismática que canguros y koalas forman parte del imaginario colectivo de todo el planeta.
Pero cabe creer que estas voces se alzan también porque la sociedad está diciendo ¡basta!, ya no digiere bien el daño infringido o no evitado a los animales, y dejarlos a su suerte en situaciones de emergencia empieza a no ser una opción aceptable.
Y más, cuando la opinión pública empieza a comprender que el desastre de Australia puede ser, como explican los expertos, ‘el canario en la mina’, un anticipo de lo que está por venir en cualquier parte del mundo.
La comunidad científica alerta de la virulencia de los fenómenos adversos por culpa del cambio climático y, en este contexto, los protocolos para proteger a personas y animales se hacen más necesarios que nunca.
Los megaincendios, por ejemplo, esos que cubren más de 400 kilómetros cuadrados y son extremadamente difíciles de contener mientras dispongan de vegetación para alimentarse, se pueden convertir en “la nueva normalidad si las temperaturas globales continúan en aumento”. Es la tesis que defiende Niklas Hagelberg, experto en cambio climático del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y que confirma el repaso por los incendios de esta magnitud registrados durante el ejercicio 2019, algunos a una escala sin precedentes, y que han tenido como escenarios Brasil, República Democrática del Congo, Federación de Rusia y Estados Unidos.
Casi todos los 500 megaincendios más devastadores de la última década (96%) han ocurrido durante períodos de clima inusualmente cálidos y/o secos, como ya publicaba la revista Nature, en febrero de 2017. Y la temporada de incendios forestales 2019-2020 en Australia puede convertirse en la peor jamás registrada, cuando aún faltan semanas para el final del período de incendios, que va de diciembre a marzo.
Aún lejos de estos niveles de devastación, en España los fenómenos adversos, como incendios o inundaciones, son cada vez más virulentos y frecuentes. Y los protocolos que contemplan la protección ante estos acontecimientos de los animales, además de las personas, un bien escaso.
A partir de una crisis volcánica que tuvo lugar en 2011 en la isla canaria de El Hierro, Juan Luis de Castellví, técnico de emergencias sanitarias y gestor de recursos de seguridad de emergencias por la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias, descubrió que en España no existía ningún protocolo de evacuación para fauna, ganado o animales de compañía ante situaciones excepcionales, como esa. Y se propuso actuar para que el rescate y salvamento de los animales se contemplara en las emergencias por parte de las instituciones competentes.
Hasta el momento, sólo se ha conseguido Extremadura, que en 2019 aprobó la Ley de Protección Civil y de Gestión de Emergencias que la convierte en la primera Comunidad Autónoma en incluir a los animales en los protocolos de evacuación y protección ante situaciones de riesgos y emergencia. El Cabildo Insular de Tenerife, por su parte, trabaja para dotarse de protocolos similares.
Castellví junto a Chelo Lozano Sandoval, responsable de Comunicación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), han pedido recientemente que se considere “una prioridad la inclusión del rescate y salvamento de animales en los Planes Territoriales de Emergencias”, y deje de acometerse de manera “improvisada”, como hasta ahora. Según estos expertos, esta necesidad surge, no solo para garantizar el bienestar de los animales, sino también porque algunas personas no quieren ser evacuadas si no se pueden llevar consigo a las mascotas o no la puede dejar en un lugar seguro.
El partido político PACMA, por su parte, ha redactado un plan dirigido a las Comunidades Autónomas en el que propone algunas consideraciones para articular protocolos eficaces en esta materia. Entre ellas:
PACMA también menciona la necesidad de llegar a acuerdos con las aseguradoras para que asuman en sus pólizas los gastos de evacuación, en vez de restituir la pérdida del ganado, como hasta ahora. Un sencillo cambio de punto de vista que puede ayudar a salvar muchas vidas
| Si estás interesado en colaborar, The University of Sydney ha abierto una campaña para recaudar fondos destinados a la asistencia veterinaria de emergencia para los animales afectados por los incendios de Australia. |
The University of Sidney. New&Opinion: More than one billion animals killed in Australian bushfires. Update on number of animals killed in Australian bushfires: Sydney expert (8 January 2020)
ONU Programa para el Medio Ambiente. Reportajes: ¿Los grandes incendios son parte de una nueva normalidad? (20 de enero de 2020)
Revista Emergencias Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), atención de emergencias y animales Juan Luís de Castellví Guimerá y Chelo Lozano Sandoval (febrero 2020)
El Salto de Extremadura Los animales serán evacuados de los incendios por ley (marzo de 2019)
Animal’s Health Proponen incluir a las mascotas en los protocolos de emergencias médicas (23 de enero de 2019)
Por:
Alicia García Flores
Periodista
La salud no quiere adjetivos