Antrozoología:
explorando la relación entre Humanos y Animales
5/07/2024
5/07/2024
Por:
Rosa Cirac Sanz
Psicóloga. Máster en Investigación en Psicología (Especialidad Psicología Positiva y Funcionamiento Humano óptimo)
Postgrado en Antrozoología.
Miembro del Equipo Directivo y del Equipo de Comunicaciones de la International Network for Management of Animal Bites INMAB
Imágenes aportadas por INMAB
Los seres humanos hemos convivido y compartido el planeta con el resto de las especies animales durante toda nuestra existencia. ¿Qué significa esto? Significa que, de una manera u otra, con mayor o menor intensidad y probablemente con propósitos diferentes según las circunstancias, animales humanos y no-humanos llevamos interactuando desde hace miles de años [1].
A pesar de estos milenios de coexistencia, solo en las últimas décadas hemos comenzado a considerar necesario entender qué hay detrás de estas interacciones. La Antrozoología es la ciencia que “estudia las interacciones entre humanos y animales” y lo hace desde un enfoque multidisciplinario, que abarca disciplinas tan diversas como la etología, la psicología, la medicina veterinaria, la antropología y la sociología, entre otras [2].
Es probable que, al leer esto, surjan muchas preguntas. ¿Por qué estamos explorando estas interacciones ahora? ¿Acaso antes no le dábamos importancia a nuestra relación con los animales? ¿Qué entendemos exactamente por interacción? ¿Por qué necesitamos una ciencia específica para esto y cuál es su propósito?
Responder a estas preguntas es esencial para entender cómo ha evolucionado nuestra relación con los animales y por qué una ciencia como la Antrozoología es imprescindible para lograr una convivencia saludable entre nosotros y las demás especies animales. El bienestar de todos, incluyendo el medio ambiente, se beneficiará enormemente. Para comprender mejor esta evolución, es importante revisar los antecedentes históricos de nuestra relación con los animales.
Tal vez, puede dar la impresión de que la relación que tenemos hoy en día con los animales, especialmente con los animales de compañía, sea algo reciente. Aunque es cierto que la sociedad ha evolucionado considerablemente para llegar al punto en el que nos encontramos hoy y que aún tiene mucho por avanzar, esto no significa que nuestra curiosidad y fascinación por esta relación interespecies sea nueva. A lo largo de la historia, diferentes épocas han visto surgir grandes defensores del mundo natural y animal, quienes han resaltado el papel imprescindible que estos seres desempeñan en la salud y el bienestar humano y la necesidad de esta conexión con el mundo natural.
Movimientos históricos que, no solo fueron capaces de levantar su voz para oponerse a las posiciones utilitaristas y dominantes de cada época, que carecían de empatía y respeto hacia el mundo animal, sino que también ayudaron a moldear nuestra percepción de los animales y establecieron fundamentos importantes para muchas teorías actuales. Comprender sus contribuciones nos permite apreciar cómo hemos llegado al punto actual y por qué es crucial continuar investigando y promoviendo relaciones saludables entre humanos y animales.
Dado que se escaparía del propósito de este artículo hablar de todos los antecedentes históricos, me limitaré a resaltar algunos que tuvieron un papel importante en la formación de algunas de las teorías que nutren la Antrozoología moderna.
En 1985, Edward Wilson escribió su famoso libro Biophilia [3], donde formalizó el término y presentó la conexión innata entre el ser humano y la naturaleza. Esta «tendencia innata a prestar atención a la vida y a los procesos naturales» se ha convertido en una hipótesis fundamental para la Antrozoología.
Sin embargo, Wilson no fue el primero en hablar de biofilia. En el siglo XIX, pensadores como Henry David Thoreau [4] y naturalistas como John Muir [5], entre otros, promovieron la idea de la necesidad de esa conexión y su importancia para la salud emocional y espiritual. Ya en el siglo XX, psicólogos como Boris Levinson [6] y Erich Fromm [7] subrayaron la necesidad de esta conexión para mantener una buena salud mental. Fromm, en su libro Anatomía de la destructividad humana, fue quien utilizó por primera vez el término biofilia.
Ejemplos de autores quienes, desde finales del siglo XVIII, sentaron las bases para las teorías actuales sobre la conexión hombre-naturaleza.
El filósofo Jeremy Bentham[8] fue uno de los primeros en abogar por la consideración moral de los animales, cuestionando su capacidad de sentir placer y dolor. La pregunta no estaba en si los animales podían razonar o hablar, sino, en si podían sufrir. A lo largo del siglo XIX, además, se fundaron las primeras sociedades protectoras de animales, como la Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales (SPCA) [9] en Inglaterra, marcando el inicio del movimiento de bienestar animal y estableciendo los cimientos para las leyes de protección actuales.
Charles Darwin revolucionó no solo la biología con su teoría de la evolución [10], sino también nuestra comprensión de los animales como seres emocionales, comparando sus expresiones emocionales con las de los humanos en su maravillosa obra La expresión de las emociones en el hombre y los animales [11].
Estos ejemplos, aunque no continuados idealmente en su momento, establecieron una base teórica que la investigación moderna ha confirmado y ampliado.
No hay duda sobre el hecho de que humanos y animales compartimos espacio y, por lo tanto, de una forma u otra y con más o menos intensidad, interaccionamos los unos con otros. Pero lo cierto es que no todas las interacciones son iguales ni tienen la misma magnitud ni, probablemente, el mismo significado para los protagonistas de ésta.
Es por ello por lo que debemos diferenciar entre Interacción Humano-Animal, Relación Humano-Animal y Vínculo Humano-Animal. Y es que, aunque a veces estas terminologías muchas veces se entremezclan, realmente tienen diferencias que hay que tener en cuenta [12].
Empecemos por la forma más básica, la interacción. Entendemos por interacción esa acción o comportamiento entre individuos. Puede ser un hecho unidireccional o bidireccional. Estas interacciones pueden ser positivas, negativas o neutras para uno o para cualquiera de las partes incluso, es posible que alguno de los implicados aprenda algo de la interacción. Más allá de esto, es probable que no vuelva a repetirse en el tiempo.
Sin embargo, si estas interacciones continúan, llegará un momento en que se empiece a anticipar lo que se espera que el otro haga y se llegue a predecir las futuras secuencias de la interacción. En este momento, ya podemos decir que estos individuos tienen una relación.
El tercer, y más complejo, nivel lo encontramos cuando el tiempo logra que la relación se intensifique. Hinde [13] define el vínculo social entre humanos como “apego mutuo, afectivo y emocional entre dos individuos que es relativamente duradero y sobrevive a separaciones temporales” [14]. Esta definición se adapta perfectamente cuando hablamos de animales y humanos. En general, se considera que el vínculo entre humanos y animales es “mutuamente beneficioso; una relación dinámica entre personas y animales que está influenciada por comportamientos que son esenciales para la salud y el bienestar de ambos. Esto incluye, entre otras, las interacciones emocionales, psicológicas y físicas de las personas, los animales y el medio ambiente” [15].
Sin embargo, pese a la importancia del significado de esta definición, no debemos olvidar que, por ejemplo, hay situaciones en las que, incluso existiendo un buen vínculo, la carga de cuidar a un animal de compañía con dificultades puede tener repercusiones en el bienestar de las personas. Por otro lado, hay que admitir que es difícil saber con certeza qué está sintiendo el animal. Medir el nivel de apego emocional y los sentimientos de bienestar en los animales no es tarea sencilla, por lo que hay que ser cautos con aceptación absoluta de esa afirmación y no olvidar que hay mucho que estudiar al respecto para llegar a ese objetivo deseado: que el vínculo afectivo que establecemos con los animales sea realmente un beneficio para unos y otros.
Por lo tanto, uno de los grandes desafíos de la Antrozoología es mantener el máximo rigor científico para no olvidar que, lo que parece obvio en la teoría, a nivel práctico no es tan simple, y hay que potenciar mucho una investigación rigurosa en estos temas.
Entendiendo la diferencia en el tipo de relación que podemos establecer con los animales que comparten el mundo con nosotros, damos un paso más y observamos que ciertos animales tienen un papel diferente y privilegiado en nuestras vidas.
No debemos olvidar que el peso cultural y social influye significativamente en la percepción que tenemos sobre los animales en general, y más concretamente sobre aquellos con los que hemos desarrollado una conexión más intensa. La evolución de esta proximidad y la transición de una relación inicialmente más utilitarista a una guiada por el vínculo emocional se refleja claramente en la terminología que utilizamos para referirnos a estos animales.
De nuevo, el siglo XIX marca un punto de inflexión en esta evolución terminológica. Pasamos del término mascota, que se refiere a “ese animal domesticado que se tiene por placer más que por utilidad” [16]. Aunque este término aún implica un componente utilitarista, debido a su concepción como propiedad, actualmente hemos avanzado a verlos como miembros de la familia. Así, surgen conceptos como familia multiespecie [17] para referirse a familias formadas por diferentes especies.
Como muestra de esta evolución, Stanley Brandes [18] analizó las inscripciones en las lápidas de cementerios de mascotas en Estados Unidos. Observó que, con el tiempo, las inscripciones en las lápidas reflejaban un cambio significativo, situando a las mascotas cada vez más como miembros de la familia e incluyéndolos en los mismos parámetros culturales y religiosos que se usarían en una lápida humana. En definitiva, las lápidas en los cementerios para mascotas no solo conmemoran la vida de los animales, sino que también reflejan cambios significativos en las relaciones entre humanos y animales en la cultura estadounidense moderna.

Evolución de la terminología relacionada con los animales de compañía (por: Rosa Cirac)
El perro y el gato son los principales protagonistas de estas relaciones especiales, basadas en el establecimiento de un vínculo emocional. Sin embargo, la elección de qué animales se convierten en miembros de la familia está fuertemente determinada por la cultura y las diferencias sociales.
La percepción de los animales ha evolucionado junto con nuestra sociedad, y por este motivo, una ciencia como la Antrozoología se erige como imprescindible para estudiar qué ocurre en estas relaciones y cómo lograr que sean lo más beneficiosas posible para todos los implicados, sean de la especie que sean.
Llegados a este punto, y con todo este bagaje de antecedentes históricos, evolución de terminología y percepción social sobre nuestras espaldas, se requería dar el paso definitivo para que la comprensión de estas relaciones entre humanos y animales pasara de ser historias anecdóticas a tener una verdadera fundamentación científica.
El golpe definitivo que nos lleva a este cambio de paradigma se lo debemos al veterinario Leo K. Bustad, quien introdujo el concepto de vínculo humano-animal. Junto con el psiquiatra Michael McCulloch, su hermano, el Dr. William McCulloch (cofundador de la International Association of Human-Animal Interactions Organizations, IAHAIO), y otros veterinarios, Bustad fundó la Delta Society en 1977 [19] (posteriormente, reconvertida en Pet Partners). El objetivo de esta organización era potenciar la investigación para conocer mejor todos los aspectos relacionados con nuestra relación con los animales, maximizar los efectos positivos de esta relación y tratar de entender y prevenir los negativos.
La Delta Society de Bustad y los hermanos McCulloch demostró, por una parte, la importancia de dar un tratamiento científico al tema y, por la otra, la necesidad de una visión multidisciplinar que pudiera tener en cuenta la multiplicidad de aspectos que forman parte de una relación tan peculiar como la que se establece entre los seres humanos y el resto de especies animales.
A partir de este momento, la investigación empieza a avanzar y aparecen revistas como Anthrozoös, perteneciente inicialmente a la Delta Society y posteriormente adquirida por la International Society for Anthrozoology (ISAZ) [20]. La ISAZ se formó en 1990 para continuar fomentando la investigación científica y oficializando el uso del término Antrozoología a finales de dicha década.
En definitiva, los últimos años del siglo XX abrieron la puerta a un amplio abanico de estudios sobre nuestras interacciones con los animales y los efectos de estas relaciones. Entender qué ocurre y qué se esconde detrás de estas interacciones proporciona la oportunidad de cuidar esa tríada tan imprescindible para nuestro planeta como es la salud humana, la salud animal y, en definitiva, la salud de nuestro entorno [21,22].
En estos momentos, la investigación desde la Antrozoología nos ha proporcionado la posibilidad de entender qué nos lleva a vincularnos con los animales y los efectos que tiene esta relación.
Por ejemplo, nos ha aportado un conocimiento valioso sobre los diversos efectos positivos que los animales domésticos tienen en la salud humana, tanto a nivel físico como mental. Diversos estudios han demostrado que la compañía de animales puede reducir el estrés, la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de mejorar el estado de ánimo, reducir la soledad y fomentar la empatía y la compasión. Por ejemplo, se ha observado que los animales de familia son beneficiosos para personas con demencia, ya que ayudan a reducir la agitación y los cambios de humor [16].
Comprender las motivaciones que nos llevan a introducir animales de compañía [2] en nuestras vidas es esencial para prevenir problemas como el abandono, el maltrato y la acumulación de animales [23]. Conocer estos motivos también nos ayuda a entender algunos de los efectos negativos que pueden surgir en la relación humano-animal, como las mordeduras24 y el desgaste del cuidador [25]
Además, la investigación en Antrozoología está abriendo nuevos campos de estudio, como la salud mental canina. Este campo no solo se enfoca en los problemas de comportamiento de los perros [26], sino también en su bienestar emocional y psicológico [27].
En resumen, hay mucho que investigar y es crucial mantenernos alineados con el rigor científico, especialmente en una época donde es fácil caer en lo que queremos encontrar en lugar de lo que realmente existe. Esto nos ayudará a enfrentar los desafíos que presenta la relación entre humanos y animales de manera informada y responsable.
A lo largo de este artículo, hemos podido explorar la profunda y multifacética relación entre humanos y animales a través de la lente de la Antrozoología. Desde los antecedentes históricos hasta la evolución de la terminología y la percepción sociocultural, hemos visto cómo esta relación ha sido moldeada por diversos factores y cómo ha evolucionado con el tiempo.
La ciencia de la Antrozoología nos proporciona un marco sólido para entender estas interacciones y sus implicaciones en la salud y el bienestar, tanto humano como animal.
Asimismo, la investigación en este campo ha destacado la importancia de abordar los aspectos negativos y potenciales riesgos, promoviendo una convivencia responsable y beneficiosa para ambas partes. La comprensión de las motivaciones para tener animales de compañía es esencial para prevenir problemas como el abandono y el maltrato, y para fomentar relaciones saludables y sostenibles.
En resumen, la Antrozoología nos invita a seguir investigando y comprendiendo las complejas dinámicas de la interacción humano-animal, manteniendo siempre un enfoque riguroso y científico.
Al hacerlo, no solo mejoramos el bienestar de las especies involucradas, sino que también contribuimos a la salud de nuestro entorno compartido, reafirmando la importancia de una coexistencia armoniosa y responsable.
Referencias:
¿Sería beneficioso el acompañamiento canino de las víctimas de ciertos delitos...