Un viaje multiespecie: ¿Cómo creamos un «nosotros» en las familias no solo humanas?
21/11/2025
21/11/2025
Por:
Javier López-Cepero Borrego
Hablamos de animales y familias
A nadie se le escapa que los animales de compañía han ganado presencia en los hogares españoles durante las últimas décadas. Las cifras son muy ilustrativas: más del 40% de los domicilios cuentan con al menos un animal no humano y ya tenemos más perros y gatos que humanos menores de edad censados (Instituto Nacional de Estadística, 2021; Veterindustria & ANFAAC, 2021).
El cambio no sólo se refleja en los números, sino también en el estatus reconocido a estos animales no humanos. La literatura coincide en que la mayor parte de las personas que participan de estudios sobre el vínculo humano-animal consideran que estos animales son “parte de la familia”: por citar un ejemplo reciente (Bouma et al., 2022), tres cuartas partes de las personas que conviven con gatos los consideran “familiares” (52%) o “niños” (27%). En ese sentido, parece que los animales de compañía han conquistado nuestros hogares.
Sin embargo, el mundo de las relaciones multiespecie no es tan sencillo. Cuando uno recurre a la literatura científica, resulta difícil encontrar una definición clara de qué quiere decir “ser parte de la familia”. Además, es sencillo ver que no todas las convivencias son iguales: a la vez que en España se aprueban leyes para salvaguardar su bienestar, el problema del abandono animal sigue estancado (Fundación Affinity, 2022; Ley 7/2023, de 28 de marzo, de Protección de Los Derechos y El Bienestar de Los Animales, 2023).
Por lo tanto, es necesario profundizar más allá de las etiquetas para entender cómo encajan los animales no humanos en diferentes modelos de familia. Y la respuesta, por supuesto, no puede ser única. ¡Exactamente lo mismo que cuando hablamos de relaciones humanas!
Cambios sociológicos: la familia en transformación
En primer lugar, necesitamos dar un poco de contexto, porque las familias multiespecie, más allá de ser multiespecie, son familias. Así que corresponde empezar hablando de estudios de familia.
La mayor parte de nuestra población se cría en familia, de modo que las familias son unidades muy importantes para la sociología (Furusten, 2023). A pesar de su presencia y centralidad dentro de nuestra cultura, definir qué es una familia resulta difícil, como ocurre con otros elementos de nuestra vida cotidiana. Porque, ¿cómo se define qué es una mesa? ¿Porque tiene un tablero sobre el cual apoyar cosas? Hay mesas decorativas que pueden no cumplir con el requisito; ¿Porque tienen patas? Las hay que están ancladas a una pared; ¿porque tienen un valor funcional concreto, como el de permitir escribir o comer encima? Quien ha vivido en un piso de estudiantes sabe que, cuando la mesa está ocupada, uno come en cualquier sitio…
La mayor parte de las mesas tienen ciertas cosas en común, pero dar una definición compartida para todas es muy complicado. Algo similar pasa cuando intentamos definir qué es una familia: podemos elegir aspectos muy diversos que dan lugar a descripciones muy diferentes. Por citar algunos ejemplos, tenemos propuestas que se centran en su estructura (una familia se conforma de todas las personas que conviven en un mismo hogar), con sus funciones (la familia ofrece cuidado y apoyo), con el reconocimiento social (familia son aquellas personas reunidas enlazadas por vínculos legalmente reconocidos) y un largo etcétera. También hay definiciones que se centran en la percepción personal (familia es el grupo donde vivo y crezco, con independencia de aspectos legales, convivencia y otros aspectos).
La cuestión es que, aunque todas estas definiciones coexisten en la literatura, elegir una u otra es una cuestión peliaguda porque conecta con nuestros valores personales. Por eso, aunque las familias españolas son cada vez más diversas (Meil et al., 2023), a nadie se le escapa que ciertos modelos de familia tienen más aceptación que otros (Hintz & Brown, 2020). Aún a día de hoy, las personas que consideran a sus animales de compañía uno más de la familia se enfrentan con frecuencia a comentarios que ponen en duda o devalúan su estructura familiar. Todos conocemos términos peyorativos que se usan para criticar a quien se desvía del discurso hegemónico, incluyendo memes como el de la persona loca de los gatos (Fox & Gee, 2019; López-Cepero, 2024).
Por lo tanto, el tema de si los animales de compañía son parte de la familia -y en qué sentido- tiene su controversia. Así, mientras que la mayor parte de la literatura coincide en que muchas personas los consideran un miembro más, otras tantas tienen sus dudas. Nosotros nos preguntamos, ¿son todos los animales de familia parte de la familia?
Una visión interactiva de la vinculación entre humanos y otros animales
Al igual que pasa en las relaciones entre humanos, el vínculo entre humanos y otros animales no es universal ni inmediato. ¿Cuánto puede tardar tu cuñado en ser considerado parte de la familia? Algunos más, otros menos… y otros tienen verdaderas dificultades para verse como miembro de pleno derecho. Pues con los animales de compañía pasa algo similar.
La mayor parte de la investigación que podemos consultar se pregunta cosas como ¿vivir con gato alarga la vida? ¿ayudan los perros a generar empatía en los menores? Esta forma de presentar la pregunta hace parecer que convivir, por sí mismo, es suficiente para que se cree un vínculo determinado. ¡Casi como si el animal fuera una pastilla! La socióloga estadounidense Leslie Irvine ha dedicado parte de su carrera a explorar cómo el vínculo humano-animal se desarrolla a lo largo de la experiencia, adaptando la teoría del interaccionismo simbólico de GH Mead a nuestra convivencia con animales de compañía.
De un modo muy sintético, podemos decir que el interaccionismo simbólico parte de la premisa de que nuestro conocimiento nace de la interacción con otros seres. Esto sería cierto para conocer a los demás, pero también para conocerse a sí mismo: nosotros integramos lo que somos a través de las reacciones y mensajes que otros nos dan. Por lo tanto, lo que somos viene determinado por el grupo de pertenencia, es construido a través del contacto social. Según Irvine, esto mismo se da cuando interactuamos con los animales no humanos.
Lo vemos con un ejemplo. Pensemos en un bebé. Un niño muy pequeño no sabe gran cosa del mundo, necesita interactuar con él para poder desarrollar sus capacidades cognitivas. La experiencia directa es una gran maestra, pero otras cosas las aprenderá a través de experiencias prestadas, narradas oralmente por las personas que lo cuidan; nuestras historias le harán saber si el mundo es un lugar seguro o uno que asusta, o si siempre estaremos allí para apoyarlo o si depende de sí mismo.
Llegados a este punto, es sencillo plantear una crítica: los humanos aprenden a hablar, otros animales no lo hacen*. Así que, ¿por qué vamos a aplicar esta teoría a la interacción entre especies? Pues porque aquí nos interesa el proceso por el cual el bebé pasan a ser considerados individuos únicos y parte del grupo. Irvine considera que este proceso, que se inicia mucho antes de poder hablar, es paralelo para animales humanos y no humanos. En especial, habla de cuatro indicadores o elementos que ayudan a conformar la unicidad del individuo, sea de la especie que sea (Irvine, 2012, 2023):
Dicho de otro modo, cuantas más de estas señales reconocemos en el bebé, más lo consideramos como alguien único, parte del grupo. Y más invertimos en su crianza y desarrollo, incluso cuando no pueden mantener una relación simétrica (ni hablan ni nos cuidan). La relación no aparece por arte de magia: se trabaja, crece y muta a través de la convivencia.
La pregunta ahora es, ¿y de verdad esto ocurre con animales de compañía? Vamos a ello.
* [Dejaremos este tema aparcado, porque las limitaciones de esta afirmación también son interesantes de explorar].
Indicadores de individualidad en animales de compañía
Así pues, tenemos una propuesta teórica interesante sobre la mesa. La cuestión es ver si de verdad las personas que conviven con animales de compañía reconocen este tipo de interacción como algo relevante dentro de su experiencia. ¿Y cómo se comprueba esto? Pues yendo por partes.
En la primera etapa, hemos desarrollado un proyecto mediante entrevistas grupales, denominado ANIFAM (animales y familias). Uno de los artículos estuvo dedicado, precisamente, a ver cómo estos indicadores aparecen a lo largo de la convivencia (López-Cepero et al., 2025a). Vemos algunos de los indicadores más claros:
Resumiendo: Implicaciones para el futuro de la antrozoología
Por lo general, la prensa suele asumir que los animales de compañía son parte de la familia, pero esto no debe darse por supuesto. Algunas personas lo sienten así, mientras que otras consideran que el animal está un escalón por debajo en importancia (justo lo mismo que tu cuñado, vaya).
Cuando investigamos, pensar en qué me aporta convivir con un animal sin preguntar qué significa el animal para mí tiene muy poco sentido, pero es un error frecuente; igual que ser socio de un gimnasio no implica que hagas deporte, convivir con animales de compañía no implica que establezcas una relación fuerte.
Es importante desarrollar más estudios donde se ponga en el centro esta vinculación. También es importante dejar de describir la relación interespecie sólo desde lo que el humano ve (el apego que siento, la empatía que tengo, la antropomorfización que realizo), porque coloca a los animales no humanos en una posición de objeto, pasiva; en realidad, la relación sólo puede entenderse a través de la interacción, así que es conveniente usar diseños de investigación que permitan dar un papel activo a los animales no humanos.
Por eso, el proyecto ANIFAM continua en marcha, adentrándose en su segundo paso: generar herramientas que ayuden a contemplar esta visión. Si el tema te interesa, puedes seguir nuestros avances en la web de nuestro grupo de trabajo (HABIER) o puedes contactar con nosotros en habier@us.es.
Bouma, E. M. C., Reijgwart, M. L., & Dijkstra, A. (2022). Family member, best friend, child or ‘just’ a pet, owners’ relationship perceptions and consequences for their cats. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(1). https://doi.org/10.3390/ijerph19010193
Fox, R., & Gee, N. R. (2019). Great expectations: changing social, spatial and emotional understandings of the companion animal–human relationship. Social and Cultural Geography, 20(1), 43–63. https://doi.org/10.1080/14649365.2017.1347954
Fundación Affinity. (2022). Estudio “Él nunca lo haría” de la Fundación Affinity sobre el abandono, la pérdida y la adopción de animales de compañía en España en 2021. https://www.fundacion-affinity.org/observatorio/el-nunca-lo-haria-informe-sobre-abandono-y-adopcion-de-animales-de-compania-2022
Furusten, S. (2023). Institutional Theory and Organizational Change. Edward Elgar Publishing. https://doi.org/10.4337/9781035307210
Hintz, E. A., & Brown, C. L. (2020). Childfree and “bingoed”: A relational dialectics theory analysis of meaning creation in online narratives about voluntary childlessness. Communication Monographs, 87(2), 244–266. https://doi.org/10.1080/03637751.2019.1697891
Instituto Nacional de Estadística. (2021). Población residente por fecha, sexo y edad. https://www.ine.es
Irvine, L. (2012). Sociology and Anthrozoology: Symbolic Interactionist Contributions. Anthrozoös, 25(sup1), s123–s137. https://doi.org/10.2752/175303712×13353430377174
Irvine, L. (2023). Our “Zoological Connections” and Why They Matter. Sociological Forum, 38(4), 1464–1477. https://doi.org/10.1111/socf.12961
Ley 7/2023, de 28 de Marzo, de Protección de Los Derechos y El Bienestar de Los Animales (2023). https://www.boe.es
López-Cepero, J. (2024). Un hocico prodigioso: Cómo los perros se convirtieron en perros y conquistaron nuestros hogares (1st ed.). Pinolia.
López-Cepero, J., & Español, A. (2025). Negotiating Relationships Within Multispecies Families: Analysing Dilemmas on Humanisation of the Bond. Human Arenas. https://doi.org/10.1007/s42087-025-00504-y
López-Cepero, J., Español, A., & Rodríguez-Banda, Á. (2025a). A multispecies journey: companion animals and family development from a life-course perspective. Revista Espanola de Sociologia, 34(1). https://doi.org/10.22325/fes/res.2025.252
López-Cepero, J., Español, A., & Rodríguez-Banda, Á. (2025b). ‘There Is Not a Word’, but Is It Necessary? Analyzing Pragmatic Decisions Regarding Terminology Within Multispecies Family Relationships. Animals, 15(4). https://doi.org/10.3390/ani15040568
Meil, G., Rogero-García, J., & Díaz-Gandasegui, V. (2023). Family diversity in Spain. In M. A. Adler & K. Lenz (Eds.), The Changing Faces of Families (pp. 122–141). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781003193500-7
Shir-Vertesh, D. (2012). “Flexible personhood”: Loving animals as family members in Israel. American Anthropologist, 114(3), 420–432. https://doi.org/10.1111/j.1548-1433.2012.01443.x
Veterindustria, & ANFAAC. (2021). Censos por especies en España. https://www.anfaac.org/datos-sectoriales/
Perros de asistencia, compañeros de vida