¿La salud animal es un artículo de lujo?
18/09/2026
18/09/2026
Por:
Alicia Garcia Flores, periodista y colaboradora de la Cátedra Animales y Sociedad de la URCJ
Resulta difícil sustraerse al debate cada vez más intenso sobre la posible ‘luxurización’ de la medicina veterinaria, un proceso que toca la médula de la relación humano-animal, las desigualdades sociales y las políticas públicas.
Parece un hecho incontestable que la medicina veterinaria se ha especializado y sofisticado en la última década. Como también lo es que sus tarifas se han incrementado a un ritmo que puede suponer una barrera infranqueable para algunas economías, y traducirse en que algunos animales no reciban los cuidados que necesitan.
No parece ser solo una percepción. Algunos datos:
¿Qué factores desencadenan el encarecimiento de las prestaciones veterinarias?
Los expertos hablan de cuatro causas desencadenantes principales:
Es triste, pero ya se puede hablar de una ‘brecha de bienestar animal’ ligada al nivel de ingresos, y de que convivir con un compañero no humano puede ser un lujo al alcance de no todos los bolsillos. Un problema de calado cuando nueve de cada diez personas en situación de vulnerabilidad identifican a su animal de compañía como única fuente de apoyo social, como certifica la Fundación Affinity
¿Hay políticas públicas para paliar esta situación?
La respuesta es que existe un vacío legal y de políticas públicas casi total en lo que se refiere a la asistencia clínica general. La sanidad animal pública existe, pero con un enfoque muy distinto: la orientada a la salud pública y la ganadería. Su objetivo es proteger la salud humana y la economía agroalimentaria, no el bienestar de un animal de familia individual.
Es decir, lo que no existe es una Seguridad Social para animales de familia, un sistema de cobertura pública universal para su asistencia veterinaria clínica. Ni en España ni en la Unión Europea. La nueva Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales en España no crea ningún mecanismo de asistencia en este sentido. Habla de la obligación del tutor de mantener un seguro de responsabilidad civil, un seguro que cubre daños a terceros, pero no los gastos veterinarios del propio animal —salvo que se contrate una iguala o una póliza de salud específica de forma privada—.
Existen, eso sí, iniciativas públicas, aunque limitadas y locales:
A nivel político y parlamentario, el debate en la actualidad se centra en corregir lo que el sector define como una incongruencia: tratar la salud animal como un servicio de consumo recreativo en lugar de un asunto de salud pública (One Health). En este sentido, destaca la reclamación histórica de reducir el IVA Veterinario. Actualmente, los servicios veterinarios en España tributan al 21% de IVA (tipo general), pero el sector y diversas fuerzas políticas exigen rebajarlo al 10% (tipo reducido). Argumentan que operar la cadera o el corazón de un animal de compañía se enmarca mejor entre los bienes y servicios de primera necesidad que entre las actividades recreativas.
Cierto es que la sociedad civil no se ha quedado de brazos cruzados y existen algunos —pocos— modelos alternativos. Son islas en un océano de necesidad:
Sin duda, amamos a nuestros animales más que nunca y somos capaces de afrontar un gasto sin precedentes en su cuidado, y eso es bueno, muy bueno. Pero la asistencia de calidad corre el riesgo de convertirse en un privilegio de clase, generando un sufrimiento oculto en los hogares con menos recursos. Lo que abre un debate tan interesante como necesario: el cuidado de nuestros compañeros animales, ¿es un bien social que merece inversión pública, o una responsabilidad exclusivamente privada?